domingo, 4 de diciembre de 2016

marte toca el sol y se lleva las armas

Por momentos parece demasiado el movimiento. Avanzo como un canto rodado sin tiempo, entre las sierras y las nubes, los cardos y las flores. Hoy, que Marte transita el lugar donde estaba el Sol cuando nací -lo mismo que decir que los inicios, la energía del fuego, de la agresividad, de la energía dirigida, alumbra mi ser-, siento cosas. Siento que ya no quiero pelear más, principalmente. Con lo que soy y lo que debería ser, con las personas que me encuentro, con el mundo en el que vivo.

Siento como una renuncia inevitable soltar las armas del discurso y las argumentaciones mentales que me hacen enfrentarme con lo que existe. Esas que me hacen sentir distinta o que cortan con navaja los vínculos que me recrean. Quiero unirme a la mutación amorosa de las partículas que nos constituyen y nadar de amor en la realidad compartida. Dejar de pensar que el mundo no está bien, que como humanidad estamos haciendo las cosas mal, que la naturaleza está hambrienta de nuestro cambio.

Quiero sentir que está todo bien, aceptar a la vida presente como este tránsito misterioso de experiencias insólitas. Sanar mi dolor para sanar con todos, para sanar Uno, que es lo que existe. Quiero romper el cristal de la vincularidad como reafirmación y lucha de un ego que pretende ser fijo porque no se da cuenta de que no es más que un átomo de humanidad en mutación.

Hoy pido perdón a los que ofendo con lo que pienso, digo y hago, me pido perdón a mí por sentirme separada de lo que soy capaz de ver. Hoy suelto las armas y abro los brazos.

Me integro en la respiración que no cesa y nado por las venas del sentir. Cada rincón del cuerpo que es este mundo. ¿Estás acá? ¿Vos también podés sentirlo?

Ese misterio me carcome por dentro. Calculo que ahí nace mi miedo y el enojo. ¿Alguien sentirá como yo? Es la ilusión del no conflicto la que atormenta tanto como la violencia que vivencié en las supuestas resoluciones. Hoy quiero nadar panza arriba y que la marea me lleve, haré mi esfuerzo por flotar, por confiar en el sostén del agua y en el aire que respire, y llegaré a una costa que es el horizonte de este comienzo. Ignorancia absoluta de cómo pueda llegar a ser ese espacio que me estoy creando, pero deseo de corazón que allí no haya personas que sufran por acciones de otros, que exista el diálogo y la infinita creatividad de los sentidos. Que será bello, ya ni lo dudo. Me llevo mis ojos y el espacio desde donde enfoco, desde donde escucho y huelo, desde donde toco y canto.

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