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domingo, 19 de abril de 2015
miércoles, 23 de abril de 2014
hoy que es lo que hay
si nos iluminamos todos juntos
si dejamos de luchar
hoy dormí hasta que ya no tenía más sentido soñar
no quería levantarme de la cama
pero el sueño era aburrido
afuera salía el sol
los gatos jugaban
me esperaba la compu para escribir
y si nos iluminamos todos juntos
si vivimos el sueño
si nos empezamos a divertir
jueves, 14 de marzo de 2013
¿El Papa tomará mate?
Desde que volví de Asia arranco todos los días con una pava y un mate amargo al lado de la compu, mientras reorganizo el trabajo, mientras vuelvo a la actividad.
Y me pregunto, ¿Bergoglio tomará mate? ¿En Roma se enterarán de las plantaciones de yerba de la mesopotamia, de la selva paraguaya, del sur brasileño y su mate verde, de los pueblos de la patagonia chilena y el termo debajo del brazo uruguayo? ¿Llevará mate de coca y contará de las ceremonias a la Pacha Mama de Evo Morales? ¿Colgará un mapa americano y mostrará el altiplano que compartimos con Chile, Perú, Bolivia y esas líneas de colores que suben hasta el Caribe? ¿Contará los desastres que hizo la Iglesia durante la colonización de los pueblos que todavía intentan sobrevivir?
La Iglesia es la Iglesia, con muchos más pecados de los que confiesa, mucho más sucia que los templos donde celebra su fe, pero es una institución enorme, claro está. Recién vuelta de India es como que recién acepto la importancia de la religión y no puedo dejar de alegrarme de que haya un latinoamericano en Roma, que desde el sur algunos entren en las mesas redondas que se celebran en el norte.
Y leo La Nación y leo Página 12, y no me gusta el fanatismo argentino, el ego envuelto, Maradona diciendo que lo quiere conocer. Entiendo que fue funcionario de la Iglesia durante la etapa más oscura de nuestra historia, que probablemente sepa más de lo que dice saber, que hasta pudo haber tenido que ver con los casos de Orlando Yorio y Francisco Jalics. Pero tengo la sensación de que Bergoglio esté ahi, como si estuviese cualquier obispo latino, va a abrir nuevos diálogos y nosotros se lo tenemos que pedir, aunque no seamos católicos. Y ojalá que él tenga tolerancia, que se anime a hablar de cosas que hacen falta hablar; tal vez esté bueno que se encuentren con Cristina en Roma, y los tonos se suavicen.
Tal vez soy una idealista -bueno, un poco más que tal vez-, no creo que Francisco I sea un santo o que ser Papa lo convierta en uno, como no creo que Cristina sea Satanás, como no creo que Argentina esté tan mal como muchos creen, como tampoco me parece que Argentina esté tan bien como otros dicen, como quiero creer que la Iglesia puede hacer cosas positivas, que puede cambiar, creo que también hay gente por debajo que trabaja con amor, lo creo porque, aunque ya no practique ninguna religión, en tiempos mozos me metí en círculos católicos de mucha fe y mucho trabajo. Creo que si nos ponemos positivos, si confiamos en lugar de revolver la mierda, si le damos un poco de confianza a este hombre que es solo un hombre con poder y los que lo rodeen durante su reinado, quizás puedan pasar cosas interesantes. A la gente que tiene que poder hay que pedirle que haga las cosas que queremos si quieren seguir en el poder, y el poder vuelve a nosotros.
El mundo está cambiando, por lo menos eso no se puede negar.
Y me pregunto, ¿Bergoglio tomará mate? ¿En Roma se enterarán de las plantaciones de yerba de la mesopotamia, de la selva paraguaya, del sur brasileño y su mate verde, de los pueblos de la patagonia chilena y el termo debajo del brazo uruguayo? ¿Llevará mate de coca y contará de las ceremonias a la Pacha Mama de Evo Morales? ¿Colgará un mapa americano y mostrará el altiplano que compartimos con Chile, Perú, Bolivia y esas líneas de colores que suben hasta el Caribe? ¿Contará los desastres que hizo la Iglesia durante la colonización de los pueblos que todavía intentan sobrevivir?
La Iglesia es la Iglesia, con muchos más pecados de los que confiesa, mucho más sucia que los templos donde celebra su fe, pero es una institución enorme, claro está. Recién vuelta de India es como que recién acepto la importancia de la religión y no puedo dejar de alegrarme de que haya un latinoamericano en Roma, que desde el sur algunos entren en las mesas redondas que se celebran en el norte.
Y leo La Nación y leo Página 12, y no me gusta el fanatismo argentino, el ego envuelto, Maradona diciendo que lo quiere conocer. Entiendo que fue funcionario de la Iglesia durante la etapa más oscura de nuestra historia, que probablemente sepa más de lo que dice saber, que hasta pudo haber tenido que ver con los casos de Orlando Yorio y Francisco Jalics. Pero tengo la sensación de que Bergoglio esté ahi, como si estuviese cualquier obispo latino, va a abrir nuevos diálogos y nosotros se lo tenemos que pedir, aunque no seamos católicos. Y ojalá que él tenga tolerancia, que se anime a hablar de cosas que hacen falta hablar; tal vez esté bueno que se encuentren con Cristina en Roma, y los tonos se suavicen.
Tal vez soy una idealista -bueno, un poco más que tal vez-, no creo que Francisco I sea un santo o que ser Papa lo convierta en uno, como no creo que Cristina sea Satanás, como no creo que Argentina esté tan mal como muchos creen, como tampoco me parece que Argentina esté tan bien como otros dicen, como quiero creer que la Iglesia puede hacer cosas positivas, que puede cambiar, creo que también hay gente por debajo que trabaja con amor, lo creo porque, aunque ya no practique ninguna religión, en tiempos mozos me metí en círculos católicos de mucha fe y mucho trabajo. Creo que si nos ponemos positivos, si confiamos en lugar de revolver la mierda, si le damos un poco de confianza a este hombre que es solo un hombre con poder y los que lo rodeen durante su reinado, quizás puedan pasar cosas interesantes. A la gente que tiene que poder hay que pedirle que haga las cosas que queremos si quieren seguir en el poder, y el poder vuelve a nosotros.
El mundo está cambiando, por lo menos eso no se puede negar.
martes, 13 de noviembre de 2012
Perdida en la intuición
Lost in translation. Me encanta esa expresión, es de esas frases de difícil traducción, o que al traducirse pierde fuerza. Perdida en la traducción, seguro que estoy mareada, claro que cuando intento comunicarme con los camboyanos no podemos hablar libremente de nada más que lo básico para comprar alguna fruta, tomarme un mototaxi, un hola, un gracias, un adiós. Además, mi vida es algo como un 90 por ciento en inglés desde hace varios meses -incluyendo la lectura- con recreos de skype para un poco de argentinidad y algún encuentro hispanoparlante que se diluye en reuniones masivas donde el inglés vuelve a reinar.
En el medio de tantas palabras e intentos de hacerme entender y de entender a los demás se genera un vacío, y como todo espacio, da lugar a otro tipo de comunicación, a las miradas y al cuerpo que intentan expresar más para completar el gap.
Otro asunto es el viajar sola. No hay discusiones de dónde ir, la responsabilidad íntima de andar sin segunda opinión por momentos se traduce en diálogos internos largos y sin destino. Menos mal que existe la intuición que los rompe en un segundo de silencio. Menos mal que a veces me dejo llevar.
La intuición destruye las páginas de la Lonely Planet en un abrir y cerrar de ojos. Si algo no vibra por dentro, puedo leer páginas y páginas sin pensar en ir para ningún lado. Pero de pronto escucho un nombre y algo resuena. Y, en un altísimo porcentaje, caigo en ese lugar que parece ser el único al que podría haber ido.
Pero bueno, uno no conecta fácil con cualquier lugar, tendrá que ver con una memoria de la que no somos conscientes, con una energía que nos permeabiliza, aunque siempre haya alguna que nos cierre.
Tengo una nueva meditación favorita. Cada vez que me meto en el agua, y he tenido el beneficio de haber nadado en un par de lagos y ríos camboyanos, hago la plancha, esa frase que tal vez no tenga traducción en otros idiomas y que en el nuestro no es de lo más positiva. Pero la sensación del agua sosteniendo todo el cuerpo sin esfuerzo, de que si hay corriente uno se mueve con ella, de que si hay una ola hay ascenso y descenso, relajar la cabeza y que no haya agua que se meta por la nariz, me hace pensar en los días que pasan. En este viaje que ya no se siente como viaje en sí sino como la vida misma. La gente que me cruzo, los amigos que se transformaron en familia.
Entonces hago la plancha, y la intuición me mantiene a flote.
En el medio de tantas palabras e intentos de hacerme entender y de entender a los demás se genera un vacío, y como todo espacio, da lugar a otro tipo de comunicación, a las miradas y al cuerpo que intentan expresar más para completar el gap.
Otro asunto es el viajar sola. No hay discusiones de dónde ir, la responsabilidad íntima de andar sin segunda opinión por momentos se traduce en diálogos internos largos y sin destino. Menos mal que existe la intuición que los rompe en un segundo de silencio. Menos mal que a veces me dejo llevar.
La intuición destruye las páginas de la Lonely Planet en un abrir y cerrar de ojos. Si algo no vibra por dentro, puedo leer páginas y páginas sin pensar en ir para ningún lado. Pero de pronto escucho un nombre y algo resuena. Y, en un altísimo porcentaje, caigo en ese lugar que parece ser el único al que podría haber ido.
Pero bueno, uno no conecta fácil con cualquier lugar, tendrá que ver con una memoria de la que no somos conscientes, con una energía que nos permeabiliza, aunque siempre haya alguna que nos cierre.
Tengo una nueva meditación favorita. Cada vez que me meto en el agua, y he tenido el beneficio de haber nadado en un par de lagos y ríos camboyanos, hago la plancha, esa frase que tal vez no tenga traducción en otros idiomas y que en el nuestro no es de lo más positiva. Pero la sensación del agua sosteniendo todo el cuerpo sin esfuerzo, de que si hay corriente uno se mueve con ella, de que si hay una ola hay ascenso y descenso, relajar la cabeza y que no haya agua que se meta por la nariz, me hace pensar en los días que pasan. En este viaje que ya no se siente como viaje en sí sino como la vida misma. La gente que me cruzo, los amigos que se transformaron en familia.
Entonces hago la plancha, y la intuición me mantiene a flote.
viernes, 25 de mayo de 2012
De asanas y celebraciones
Este miercoles, el centro festejo 10 anios de existencia. Mi karma yoga, mi colaboracion, fue sacar fotos. Arranco a la maniana temprano con una celebracion hindu. Le agradecimos a los dioses y ofrecimos al fuego. Almorzamos todos juntos, se proyectaron peliculas de grandes gurues -yo mire una Krishnamurti- y a la noche hubo musica y terminamos bailando e improvisando con instrumentos de todos lados. Afuera, siempre un termo con te caliente, chai o infusiones de hierbas. Fue un gran dia. En esa foto estan varios de mis companieros y maestros, entre ellos Leo, un argentino que vale la pena viajar hasta India para tomar sus clases.
Y aca estoy, sigo instalada, y todo indica que sera por un tiempo mas. Mientras, sigo hirviendo jengibre y cardamomo.
jueves, 26 de abril de 2012
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