martes, 13 de noviembre de 2012

Perdida en la intuición

Lost in translation. Me encanta esa expresión, es de esas frases de difícil traducción, o que al traducirse pierde fuerza. Perdida en la traducción, seguro que estoy mareada, claro que cuando intento comunicarme con los camboyanos no podemos hablar libremente de nada más que lo básico para comprar alguna fruta, tomarme un mototaxi, un hola, un gracias, un adiós. Además, mi vida es algo como un 90 por ciento en inglés desde hace varios meses -incluyendo la lectura- con recreos de skype para un poco de argentinidad y algún encuentro hispanoparlante que se diluye en reuniones masivas donde el inglés vuelve a reinar.
En el medio de tantas palabras e intentos de hacerme entender y de entender a los demás se genera un vacío, y como todo espacio, da lugar a otro tipo de comunicación, a las miradas y al cuerpo que intentan expresar más para completar el gap.


Otro asunto es el viajar sola. No hay discusiones de dónde ir, la responsabilidad íntima de andar sin segunda opinión por momentos se traduce en diálogos internos largos y sin destino. Menos mal que existe la intuición que los rompe en un segundo de silencio. Menos mal que a veces me dejo llevar.
La intuición destruye las páginas de la Lonely Planet en un abrir y cerrar de ojos. Si algo no vibra por dentro, puedo leer páginas y páginas sin pensar en ir para ningún lado. Pero de pronto escucho un nombre y algo resuena. Y, en un altísimo porcentaje, caigo en ese lugar que parece ser el único al que podría haber ido.



Pero bueno, uno no conecta fácil con cualquier lugar, tendrá que ver con una memoria de la que no somos conscientes, con una energía que nos permeabiliza, aunque siempre haya alguna que nos cierre.
Tengo una nueva meditación favorita. Cada vez que me meto en el agua, y he tenido el beneficio de haber nadado en un par de lagos y ríos camboyanos, hago la plancha, esa frase que tal vez no tenga traducción en otros idiomas y que en el nuestro no es de lo más positiva. Pero la sensación del agua sosteniendo todo el cuerpo sin esfuerzo, de que si hay corriente uno se mueve con ella, de que si hay una ola hay ascenso y descenso, relajar la cabeza y que no haya agua que se meta por la nariz, me hace pensar en los días que pasan. En este viaje que ya no se siente como viaje en sí sino como la vida misma. La gente que me cruzo, los amigos que se transformaron en familia.

Entonces hago la plancha, y la intuición me mantiene a flote.





6 comentarios:

  1. espectacular!me encantó! a vivir haciendo la plancha!

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  2. Lindísimo Negrita!!!
    Que bueno "hacer la plancha"...
    Te adoro!

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  3. que maravilloso poder hacer la plancha cada día, dejarse llevar, te leo siempre con alegría y que el universo te siga guiando en cada instante de tu viaje. Gabriela

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  4. clap clap clap... que siempre encuentres un lago, río o mar para hacer la plancha amiga!

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  5. bellisimas reflexiones! Dejarse flotar por el rio de la vida, no solo el mojado... el fluir energetico. Hay que aguzar el oido internos y se escucha cada vez mas fuerte...

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