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sábado, 31 de agosto de 2019

sabíamos un montón

El Instagram que no tengo, el Facebook que se volvió un bajón, las redes, el exceso de computadora e información, el silencio, el estudio. El dolar, la despolítica, los encuentros, el trabajo. Tantas cosas pasan que tuve una crisis con la cuestión del té.

La taza de cha, esa infusión que amé, investigué y divulgué, con la información, se me fue de las manos, de forma tan simbólica como material. La cantidad de kilómetros que recorren esos tés chinos, japoneses e indios que tanto tomaba, su precio en dólares, sus plantas fumigadas. Esos aromas fueron quedando lejanos entre el costo y la conciencia de la huella de carbono que genera trasladar alimentos. Un alimento es como un vínculo.

Hace tiempo ya que, más, tomo mate con yuyos, o infusiones de plantas. Algunas que crecen en los canteros urbanos, a veces cosecho de algún jardín que visito, algún regalo, otros que le compro a Sacha en Traslasierra Ecofusión. Y con esas cosas de la vida, de la salud y el arraigo, me da ganas de volver a hablar de historias, de culturas, de campesinas y campesinos, de recetas, de medicinas naturales. Eso que hacía hace más de 8 años, cuando nació Momentos de té.

Y como la pelota va al jugador, según dice una amiga astróloga, resulta que hoy, en el espacio BioCultural Huerta en Puerta, o más bien, en la verdulería de Dani, vinieron dos campesinas de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) a contar de qué plantas medicinales hacen tinturas madres, de las propiedades de las malezas y de los saberes femeninos.

"Nos dimos cuenta de que sabíamos un montón", comentó Carolina, hija de una curandera boliviana, que emigró a Argentina y hoy es productora de alimentos en el cordón frutihortícola de Florencio Varela, cerca de La Plata. Hace cuatro años que las mujeres de la organización comenzaron a reunirse. A compartir, a conversar. El machismo en el campo es muy fuerte y ellas además de, como sus maridos, realizar un trabajo casi esclavo, cuidan de sus hijos y de la salud de sus familias. La necesidad de compartir las reunió. A muchas sus maridos las golpeaban o se violentaban después de tomar bastante alcohol. A otras las intentaban matar, las desvalorizaban y las dejaban sujetas al trabajo doméstico.

"La salud y la sanación es mucho más que lo que nos dice la medicina moderna. Entre nosotras nos hemos salvado", comparte íntima Rosalía, también miembro de la Secretaría de Género de la UTT y productora de plantas aromáticas que se utilizan en la producción agroecológica dentro de los cultivos, como polinizadoras y en reemplazo de ciertos plaguicidas. Los insectos prefieren sus flores.

Hablamos de plantas y de sus propiedades, de salud preventiva, de alimentación, de la tristeza y todo el tiempo, aunque casi no se dijo, de la construcción de soberanías. Las personales y las colectivas.

"Plantas medicinales que conocemos y valoramos" se llama el recetario que nos compartieron. Tan hermoso. Saber qué planta tomar, ¡qué té! sí, ¡también se llama té! para sentirse mejor. Y no con plantas que crecen en los Himalayas si no acá mismo, como un yuyo en mi medianera.

Algunas fáciles de conseguir: romero, para energizarnos, tanto en tintura madre como en aceite; hablaron de la cola de caballo y de la consuelda, de la mansalva de hierro que tiene la ortiga, de la bardana para depurar y desparasitar y hasta una se animó a asegurar que la carqueja puede funcionar como un viagra; con bastante picardía, debo sumar.

Comentaron que las hojas de eucaliptos redondas las ponen en palanganas de agua caliente para que respiren sus hijas e hijos cuando están resfriados, y una del público aseguró que la equinacea es muy buena para el sistema inmunológico. Gotas de tintura madre o teteras llenas de humeantes decocciones, la belleza de las plantas es el vínculo más sincrónico que tenemos como naturaleza: aparecen cuando hacen falta, nutren, sanan, hidratan, purgan, reconstruyen. Para nuestro organismo, que comparte tanto con el mundo vegetal como con todo su ecosistema, tomar plantas es una bendición.

Y me volví en colectivo, con una bolsona llena de hojas verdes sin fumigar, con bardana en la mochila -he tenido tiempos en los que he comido mejor y, como les conté, la bardana es depurativa-, y con una sensación de que aunque siga demasiado lejos, el campo a veces visita la ciudad.  




viernes, 22 de junio de 2018

Una tarde

Hoy cambié la tetera o el cortado esporádico que me tomo por la calle muy de vez en cuando por una sopa y Spinetta. Salí con la compu a escribir, a inspirarme. A escribir de lo que se me cantara la gana. Y a las 4 de la tarde, acá me encuentro frente a una crema de lentejas y cebollas en un lugar que me gusta tanto como si yo misma lo hubiese pensado.

Así me siento. Llegar a un hogar restaurante y almacén, que desde cómo se siente el ambiente, la filosofía que lo sostiene y, bien concreto, en las delicias sin agronegocio que me sirven, me hacen sentir en casa.

"Somos conscientes de la importancia que tiene la alimentación en nuestra salud y el impacto en el  medio ambiente, por eso utilizamos insumos orgánicos y naturales que conservan los sabores reales y genuinos de cada alimento".

Me encanta venir acá. Me caen bien sus camarerxs y cocinerxs, sus intenciones. Cuando salí de casa pensando en irme a laburar a algún bar, estaba encarando para Varela Varelita, un mítico de Paraguay y Scalabrini Ortíz. Pero me hice cargo de que más ganas que de un cortado y como mucho una traviata, me esperaba la música amiga y las delicias tibias de Casa Munay.

Mientras hago listas, planeo mis sueños, acepto emociones. También leo o chateo con algún queridx, leo el menú, pienso recetas, secretos que les voy a robar, como el de las semillas de amapola en el queso vegano untable o, más sencillo y anunciado, animarme a licuar las lentejas y hacerlas sopa.

Entren a la página: www.casamunay.com porque mi teléfono es muy malito y no tengo otra cosa con qué retratar.

Lo del fútbol no me importa nada, sinceramente. Pero la realidad del país me tiene muy golpeada, el recorte es pura mala noticia, desfinanciamientos para muchos, mentiras, liberación de impuestos y favores para otros. Me duele y me entristece. Las mineras y Bayer (exMonsanto) avanzando sobre las tierras cultivables, Vaca Muerta y el fracking como bandera. Parece que todo se va al carajo por momentos.

Por eso, insisto. Me encanta este lugar y este tipo de lugares. Como me gusta lo que intento en mi casa y en mi vida. Vivir con independencia, en colaboración con la Naturaleza. En ella gran madre incluyo a todos los seres, al resto de los seres humanos también, aunque son a los más me cuesta entender. Más fácil es  Kokoro, el gatito amigo que adopté, por ejemplo. Aunque me rasguña, su conducta siempre tiene lógica y sabe jugar.




Después de la sopa me tomé un chai. Canela, jengibre, cardamomo, pimienta, bastante a la India. Pero en agua cortado con un poco de leche de almendras con espuma. Con espuma de leche de almendras, repito. Sí, no soy purista del chai a la india tal cual hecho en leche de vaca. Es más pesado y ácido. De este podría tomarme dos o tres tazas más sin sentir que me explota la panza. Cuando llegue a casa voy a preparar una cacerola y voy a dejar que se ponga bien picante. En lugar de almendras, que me mata el presupuesto, haré leche de avena.

El tema central de mi vida hoy es, entonces, entre sopa, té y la música en español que suena, es que apuesto a la Agroecología, a la Soberanía Alimentaria. A la vida en armonía, a esforzarme por lo que siento que me construye y me integra. A crear redes. A ser Naturaleza. Como Munay, como muchxs otrxs más que lo estamos intentando.

martes, 5 de noviembre de 2013

Yoga

El cuerpo me enseñó que si lo escucho, que si lo siento, las penas, las preocupaciones, los momentos difíciles y los felices, me atraviesan. Ya no me quitan la calma, ya no me obligan a no ser quien soy.

A través de la conciencia de mi cuerpo he atravesado los obstáculos más difíciles de mi vida, me he liberado de grandes pesos. Siempre hay más, la vida es movimiento. Pero algo tengo seguro: si le permito al cuerpo manifestarse en su estado natural, como la sangre y el oxígeno, las emociones fluyen, los pensamientos disminuyen, la energía vital se ramifica como las venas. Nace la creatividad. La creatividad emocional, vincular, artística, el verdadero arte de vivir.

El yoga es sabiduría universal disponible para quien quiera acercarse. Es en sí mismo un sistema completo, una forma de vida. Por esa fortuna que me acompaña encontré esta técnica que me sana, me da tranquilidad, me conecta con el amor universal, con el sostén de la Tierra y la expansión del universo que, más allá de la astronomía, siempre es el personal.

Comparto la mi práctica, que incluye enseñanzas de B. K. S. Iyengar y  del Himalyan Iyengar Yoga Centre, donde practiqué en India, además de combinarlas con otras técnicas de meditación y hatha yoga que practico. Guío a buscar sensaciones que cada uno tiene que descubrir. Los caminos y las propuestas son muchas, cada uno puede encontrar la propia. Nosotros somos los capitanes de nuestro barco, es tiempo de bajar el nivel de información y conectar con la simpleza de los latidos de nuestro corazón.

Los invito:

Lunes y miércoles a las 19hs.
Sábado 16 de noviembre, 10.30hs. Este es un taller intensivo de 3 horas con una meditación optativa al final de la clase para quien quiera. El sábado estaremos a un día de la luna llena, así que la idea es combinar el trabajo corporal con esa energía expresiva y extrovertida.

También pueden consultarme por clases particulares y masajes.

marianajaros@yahoo.com.ar

:)
Seamos felices!





jueves, 24 de octubre de 2013

Respirar, siempre respirar

Qué importa cuántas horas meditamos por día, o si meditamos, si podemos  mirar a nuestros amigos a los ojos.

Qué importa cuántas terapias alternativas practicamos, si las plantas nos dan alegría, si el sol de primavera nos despierta del invierno helado que pasó.

Qué importa si soy macrobiótico o vegano, si respiro profundo y entiendo que sólo somos movimiento.

Qué importa qué hacemos y cómo somos, si podemos disfrutar de la vida.

Click aquí para escuchar música que hace olvidar un poco la ciudad

Acepto con amor lo que soy, porque no me queda otra, porque es mi liberación.




jueves, 11 de julio de 2013

Esas cosas que uno no se imagina

Que iba a hacer un taller de origami



que iba a tener la paciencia de doblar papeles y encastrarlos hasta que tenga forma de caja -por ejemplo-, y que esa caja estaría en mi mesa de luz



que iba a conocer a Maru y su proyecto, y sus ganas de hacer cosas desde el corazón y con el corazón


que me iban a servir té y que iba a conocer a hermosas mujeres con ganas de hacer cosas, -entre ellas Romi y sus papeles y Guada y sus origamis bijou- y que todas nos íbamos a pasar 4 horas doblando papeles, conversando y pasándola genial...



y que iba a ser un trueque, que la posibilidad de trocar mi trabajo por el trabajo de otro es posible, que hay cosas en las que ya puedo empezar a sacar el dinero del medio y que son regalos muy personales. Gracias Comunidad del Trueque !

Y quizás, sobre todas las cosas, la felicidad que me dio poner mis manos a trabajar y haber hecho tantas cosas lindas en una tarde. Me saqué el tabú de que soy mala con las manualidades, Maru me tuvo mucha paciencia.


A crear, a compartir y a trocar!

Hagan talleres con Maru que es un sol y el origami es una genialidad para hacer regalitos y detalles

http://www.taitapapel.blogspot.com.ar/
http://www.facebook.com/taita.papel.9

Y visiten la Comunidad del Trueque, ofrezcan lo que tienen para dar, que seguro que hay alguien que le encantaría intercambiárselo por algo que ni te imaginás la alegría que te puede dar.

http://comunidaddeltrueque.blogspot.com.ar/
http://www.facebook.com/ComunidadDelTrueque?fref=ts

domingo, 10 de marzo de 2013

Domingo en camisón

Dormir hasta que me depierto. Mate, algo de diarios y alguna revista versión online. Cocinar y charlar con mi hermana. Un poco de peleas. Disfrutar de una casa que, aunque prestada, se siente un poco propia.

Quizás es estar bajo el cielo celeste de Buenos Aires, me había olvidado de lo diáfano del cielo por estos lados. El sol, el dulce de leche, música en vivo, el idioma, los amigos y la familia. Esas cosas que se extrañan, que se intuye que se va a sentir bien hasta el alivio que viene con el reencuentro, como un antídoto a una ansiedad que se empieza a tomar recreos. Como haber despertado de un sueño, como haber llegado a la última página de un libro que costó leer.

El ser mujer con alegría, el pensar en proyectos realizables en donde los hombres acompañan, suman en lugar de controlar. Y, de paso, un diálogo con mi viejo, y un poco de amistad con mamá.

Es una sensación parecida a renacer, si es cierto que elegimos en donde nacemos, vuelvo a elegir estar entre los que me vieron llegar a la vida. Los mismos que me esperaron en Ezeiza, sólo que esta vez no hizo falta que me sostuvieran la cabeza. Y aunque a veces caiga alguna lágrima que me recuerda el esfuerzo que implica la vida, se siente maravilloso y a veces simplemente real.

lunes, 4 de febrero de 2013

Uno más otro, y van 29

Es la primera vez que el número me impresiona. Es como que ya es hora de aceptar que pasé a la adultez. Soy la menor de 4 hermanos, la menor de 13 primos por un lado y de 28 por el otro. Siempre la menor. Pero cuando la menor ya pisa los 30, es que hay una generación que está cambiando.
Voy a ser tía pronto -qué felicidad la llegada de Solcito!!-, y eso sólo corrobora esta sensación.


Estoy en Varanasi recién vuelta de un festejo con amigos, un grupo de indios que se encargó de cocinar un banquete que comimos sobre el Ganges, con nuevos grandes amigos argentinos, otros indios y otros japoneses, que se ocuparon de todo, hasta de que el sol brillara todo día y calentara el invierno que ya se suaviza.



No puedo pedir más a la vida. Qué lindos 29 años. Y esto no termina, pero me vine a tomar un té de hierbas ayurvédicas para descansar un poco antes de que siga la joda y me dieron ganas de compartirles la alegría. Y la fiesta seguirá hasta fines de mes, cuando vuelva a mirar a los ojos a la familia, a los amigos y nos demos un buen abrazo.

En estos 10 meses he vivido algo así como 1000 vidas así que celebro la vida más que un aniversario. Millones de gracias a todos. Mucho amor y bendiciones de la madre Ganga, algo así como la Pachamama india.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Primero de diciembre, 2012

A veces no puedo empezar a escribir directamente en una hoja en blanco. Entonces abro un mail y me pongo a escribirle a algún amigo, como para dirigirlo a alguien. Hoy quiero escribir un post, pero lo estoy haciendo desde mi mail.
Este tema de los mensajes de facebook y perder los mails no me gusta nada, siempre fui desordenada en papel y, lamentablemente nací con el correo en vías de extinción, pero en mis casillas de mails siempre guardo los momentos. Me encanta, cada tanto eh, no hay que abusar del pasado, leer alguna carta vieja y viajar para atrás en sensaciones, emociones, palabras que uno decía y recibía sin entender demasiado, y que un tiempo atrás explican muchas cosas.
Lo mismo hago con mi cuaderno del viaje. Si vieran lo sucio y machacado que está. Pobre, de verdad que no lo cuido mucho, aunque guarda de los momentos más especiales de este viaje.
A veces, lo agarro y lo leo, y todo parece contar esta perfecta historia, con sus subidas y bajadas, con los momentos en donde todo fluye como un río de montaña y los momentos en donde hay que correr cuesta arriba.
Y ahora estoy en un llano. Esperando que esté lista mi visa para India, en Tailandia y sin pasaje todavía por cuestiones de internet y las burocracias que me está poniendo un poco nerviosa -al margen-, vuelvo a visitar amigos, vuelvo a leer páginas escritas. Y cobran nuevos sentidos. Es esta sensación tan agradable y vertiginosa, de que nada vuelve a ser lo mismo, nada se queda en el mismo lugar. Ni las palabras.
Al mismo tiempo se activó el laburo, volví al trabajo y sí, a las temidas hojas en blanco. A animarme a contar las cosas desde este nuevo lugar que encontré y que se escapa. Y aunque los temas sean tan simples como tazas de té, como tazas de té, también pueden ser hermosos.
Son esas cosas que te cuentan por Oriente, que si tu mirada cambia, cambia lo que ves, que si se sonríe a la vida, ella sonríe de vuelta.



miércoles, 31 de octubre de 2012

Nada muy riguroso

Hace días que intento escribir un post sobre Camboya, pero la intención de que sea monotemático -no por aburrido, sino por dirigido hacia un sólo tema-, me supera. Me es imposible. Entonces acá va, asociación libre.



Camboya es de lo que se siente por el Sudeste, uno de los países con más folklore moderno. La dura historia reciente de un gobierno que asesinó a casi un cuarto de la población, la guerra civil, las ocupaciones extranjeras, de alguna manera lo convierten en un pueblo más despierto. Tienen esa chispita de saber lo que no quieren volver a ser y la alegría de haber cambiado. Bueno, esa es la sensación que da su gente, no su gobierno, pero ese es otro tema.

Al mismo tiempo, la riqueza de su variedad étnica, también hace que los rasgos camboyanos no sean tan definibles como las de otros países. Y, digo con alegría, los camboyanos tienen mucha sangre india. Las pieles morenas y los ojos negros viven por estas latitudes desde hace miles de años. Fueron hindúes, aunque hoy sean budistas, y a unos 10 kilómetros de Siem Reap, la ciudad más visitada del país, los templos de Angkor recuerdan la importancia que tuvo este país, que alguna vez dominó a sus limítrofes, que luego la historia hizo que lo invadieran.

Curioso el tema de los límites, los orígenes comunes y luego, las separaciones. Todos queremos ser distintos, de alguna manera, diferenciarnos. Pero si somos todos iguales, por ser parte de lo mismo, por permitir que los otros existan. Eso nos une y nos define como únicos y parte. Filosofía barata, dije que iba a tratarse de asociación libre.



Camboya ya me ha regalado grandes amigos, momentos en escuelas rurales que serán difíciles de olvidar, diálogos accidentados con monjes y locales que intentan hacer una diferencia para el futuro del país, caminatas quemadas por el sol por los templos más bonitos que haya visto y la más espectacular invasión de la selva sobre rocas puestas por el hombre. Camboya me regaló discusiones en las que tuve que argumentarme, donde hizo falta llamar a las cosas por su nombre y me ayudó a encontrar esa unión con el otro, ese ser uno mismo que no es más que ser lo que único que se puede.

Y sólo va una semana. Después de dormir debajo de un techo en un guest house -donde vivían más de 3 familias camboyanas y un par de decenas de turistas-, dentro de un mosquitero (los zancudos pueden ser canívales), practicamente al aire libre y, por lo tanto, sin mucha intimidad, la genialidad de Couchsurfing me tiene en un departamento genial en Phnom Penh, la capital. Tengo cuarto privado, living, cocina...y ventilador! Un verdadero lujo a esta altura de la travesía.



Y ahora dejo esta hoja para irme al museo del genocidio, Toul Sleng, y también visitaré los Killing Fields. Intentaré recorrer el pasado reciente de este país que según la ¨comunidad internacional¨ es de los más pobres del mundo con un PBI per cápita de US$ 380 en un país de 13,7 millones de habitantes. Sinceramente, no creo que el PBI mida realmente la pobreza, medirá la cantidad de plata dando vueltas; no hay dudas de que en Cambodia se puede vivir con menos dinero que en otros lados.




jueves, 18 de octubre de 2012

Viajera en camino

Desde que empecé a planear y pensar este viaje, me mantuve en contacto con personas que se definen o entrarían en la categoría de travelers. Con guía en mano, recorren, ven, miran y vuelven a casa con la mochila llena de nuevos lugares, de destinos, de conciencia de la inmensidad del mundo.
Quise ser una,  quise ver muchas cosas, quise pertenecer al grupo de personas que saltan de su cuna de vez en cuando, por mucho tiempo, a veces por pocos días, pero siempre con la confianza de que saben moverse, de que pueden sobrevivir en cualquier lugar, de que viajar es un arte popular, aunque guarde sus secretos.
Cuando llegué a India y a las 2 semanas encontré un lugar donde me quise quedar, y ese pueblo se transformó en mi hogar por 4 meses, por momentos me sentí frustrada, sentí estar renunciando a ser un viajera. No estaba viendo mucho, de alguna manera, me quedé quieta.
En esa quietud, sin embargo, pude practicar algo de disciplina en silencio. Aprendí una técnica milenaria para conectar con el todo, con cada uno de los lugares adonde un traveler llega, a conocer las distintas caras de algo que parece ser inmenso, pero que vive dentro de mí.
Hoy sonrío al pensar que viví el monzón en uno de los lugares donde más llueve de toda India, que miré por la ventana cómo la lluvia, las montañas y el bosque me protegían, me guardaban, me ayudaban a seguir viajando hacia adentro. Las tormentas que hacían las calles ríos y cascadas, las sanguijuelas que amenazaban mis tobillos, las plantas que brillaban de verdes, los amigos, que nos reuníamos bajo techo. El corazón se hincha y mi mente se calma. Seguro que ese fue un viaje.
Con el tiempo las lluvias menguaron y mis piernas estaban listas para caminar. Calculé que en el mes que me quedaba de tiempo podría ver alrededor de 6 o 7 lugares, quedándome en cada uno unos 4 días. Bueno, resulta que se transformaron en 3 destinos. Rishikesh, Delhi y Varanasi. Una semana en Rishikesh, otra en Delhi y más de 10 días en Varanasi. De nuevo, los tiempos no eran los de una viajera oficial. Los tiempos se transformaron en mi ritmo. En cada uno de estos 3 lugares me hubiese quedado varios días más, semanas o meses, pero cada uno fue una etapa nueva del recorrido. India es generosa como una madre primeriza, no descansa, no deja de estimular. En India aprendí a caminar.
Con muy pocas ganas pero por esas cosas en donde no hay con qué darle a las burocracias internacionales, tuve que irme del país. Mi visa vencía. Como el viaje se alargó y esto no estaba en mis planes, pensé en lo bien que me podría llegar a hacer el mar y el sol después de tanta nube, y decidí que Tailandia sería la siguiente estación. Llegué y lloré. ¿Dónde está mi chai? Me faltan los estímulos indios, me faltan las situaciones inimaginables en cada esquina, me faltan las miradas de ojos negros.
Pero como la vida no da puntada sin hilo, y porque tal vez el destino sea una fatalidad, después de dar un par de vueltas por Tailandia sin encontrar un lugar donde me sintiera cómoda, en el lugar menos pensado, en Pattaya, la ciudad del pecado ruso y la liberalidad tailandesa, encontré un pequeño hogar, un gueto de amigos rusos que viven entre la bohemia y el consumo, pero que me abrieron la puerta con un inglés limitado y un corazón enorme. Y me recuerdan mi origen eslavo y me enseñan palabras en ruso, y me explican el significado de mi apellido. Encontré mi ritmo, la cadencia de mi mochila, la búsqueda de mi ser que mi cuerpo intenta acompañar. La felicidad de ser una viajera y de estar encontrando el estilo propio. Pertenezco, sí, a mí son, pertenezco.




lunes, 11 de junio de 2012

Para todo lo demas, existe...

Vivo en un lugar al que las personas llegan con busquedas y encuentran, no respuestas -eso depende de cada uno-, pero si puertas abiertas. La intuicion es para todos la unica brujula.

Vine a India entre el calor infernal y el comienzo del monzon. Dificil momento para recorrer un pais que arde a 45 grados promedio. Lo hice sabiendo por dentro que me habia colgado en el tiempo, que para recorrer se me habia pasado el cuarto de hora. Pero si miraba para adentro en mi, si era sincera conmigo misma, sabia que venia por algo mas. Despues de pasear por Mumbai y de visitar palacios en Rajastan, un dia resono en mi cabeza McLeod Ganj, donde vive el Dalai Lama. Me imagine templos  monumentales en montanas nevadas, frio y una especie de solemnidad espiritual que, claro, aca no encontre. Por suerte.

Llegue a una region de montanas repletas de pinos de verdes bien verdes, de gente accesible, de soles radiantes que calientan la tierra y que -gracias- algunos rios riegan. Me choque con gente de todas las edades y lugares del mundo que, como yo, no saben responder ni donde viven ni cual es su profesion. Siemplemente estan en movimiento, en busqueda. Por que el tema es hoy, y hoy esta adentro nuestro.

Y como era mi intencion busque unas clases de yoga. Por aca no, por alla puede ser. Cai, porque calculo que me debo haber dejado llevar, en el Centro de Yoga que necesitaba, una practica que lleva bien hacia adentro (Iyengar), mas cerca de la meditacion que de la actividad fisica, seguro. No se piensen en eso que muchos dicen, que el yoga puede ser aburrido, que es estiramiento, que el cuerpo no trabaja, que prefieren hacer deporte. Una cosa no tiene que ver con la otra. Eso es palabrerio barato. Aca las asanas (posturas) se sostienen durante 15, 20, 25, 30...muchos minutos, y se respiran, y cada rincon de nuestro cuerpo encuentra un sentido para ser, para ser con los demas, para ser un todo, nosotros mismos, yo como cuerpo, mente y alma.

Hace 5 semanas que estoy aca practicando y mi pecho se empieza a llenar de espacio, los pulmones dejan entrar mas aire, mas vida recorre mis venas. Sonrio naturalmente, porque vivo en la naturaleza y porque ella me enseña. De afuera para adentro, y de adentro para afuera. Como un nacimiento, una respiración, un dia, una vida. Cada oportunidad.

La cuestion es que el dinero tambien se va y mis ganas de meterme mas en esta practica me abrio una puerta. Un dia lei un flyer en el vestuario: se ofrece trabajo voluntario de oficina a cambio de curso de yoga.
Lo lei al otro dia por segunda vez y al tercero me anime a preguntar en que consistia. Me constestaron al dia siguiente que ya estaba tomado. Pero tambien estaba tomada mi decision de quedarme hasta el final de mi visa (septiembre), asi que insisti con Sharat, el guru-maestro-fundador de la escuela.
Me pregunto que se hacer. Soy periodista, saco fotos, pero no tengo problema en limpiar los baños si hace falta.

A los dos dias estaba sacando fotos del nuevo centro de retiro que se esta construyendo en las afueras de Dharamsala, a una hora de viaje desde aqui. Ahora me ocupo de hacer comunicacion (Twitter, Facebook), contenido para la pagina y saco fotos, muchas fotos. Tengo trabajo y me pagan con clases que me enseñan a vivir mejor, a ser más feliz.

Me pagan muy bien.



viernes, 25 de mayo de 2012

De asanas y celebraciones


Entre esas flores y detras de esa enredadera, debajo de un bosque de pinos y entre las montanias, cada dia a las 6 de la maniana me cuelgo patas para arriba, y me quedo un rato. A veces siento cuando cada vertebra empieza a tomar distancia de la siguiente. Por momentos duele, pero siempre me llena de aire los pulmones. En ayunas, claro, despues arranca la clase que dura 3 horas. 3 horas diarias de reflexionar en donde pongo el peso de mi cuerpo, y en donde debo hacerlo si quiero libertad. Sharat -el director,creador,guru del Himalayan Iyengar Yoga Center- nos habla mientras intentamos no sufrir y disfrutar de las posturas aunque nos pidan mucho esfuerzo. Hace unos dias nos hablo del espacio y de la libertad, y me encantaron sus palabras, todavia resuenan por ahi: la libertad esta en el espacio, y en el espacio no tiene que haber nada, es ese lugar vacio entre nuestros pulmones y abdomen donde esta la libertad en nuestro cuerpo y no tenemos que perderla forzando elongaciones sin sentido o perdiendo la conciencia de donde estan nuestras raices, nuestra base. Alli, ese espacio es nuestro propio internet, ahi esta toda la infornacion, en el vacio. Ahi encontramos la verdad, esta nuestro ser.


Este miercoles, el centro festejo 10 anios de existencia. Mi karma yoga, mi colaboracion, fue sacar fotos. Arranco a la maniana temprano con una celebracion hindu. Le agradecimos a los dioses y ofrecimos al fuego. Almorzamos todos juntos, se proyectaron peliculas de grandes gurues -yo mire una Krishnamurti- y a la noche hubo musica y terminamos bailando e improvisando con instrumentos de todos lados. Afuera, siempre un termo con te caliente, chai o infusiones de hierbas. Fue un gran dia. En esa foto estan varios de mis companieros y maestros, entre ellos Leo, un argentino que vale la pena viajar hasta India para tomar sus clases.

Y aca estoy, sigo instalada, y todo indica que sera por un tiempo mas. Mientras, sigo hirviendo jengibre y cardamomo. 

martes, 15 de mayo de 2012

El te es un viaje

Hay dias que me pregunto por que sigo con el blog  Momentos de te, si escribo de cualquier otra cosa. Estoy de viaje, quiero contar colores y anecdotas y el blog es sobre te. Es sobre te?


India me trae hacia adentro. Me replantea, me hace sentir una pagina en blanco. Como esta que ahora estoy llenando. Sin poder evitarlo miro para atras, pienso como empezo todo y creo que claro, que momentos de te son los que vivo, porque esta bebida noble, sencilla y sin pretenciones es la que me introdujo en este mundo, la que me trajo hasta aca, la que me hace viajar a distitnas culturas, la que me hace disfrutar del ahora, compartido o en soledad. Fue una primera hoja en blanco, hace un tiempo ya, y ahora otra vez.

Aca, en mi hogar temporario en McLeod Ganj, en la montania, me dedico a hacer yoga, a meditar, a intentar quitar capas que me alejan de mi esencia. Soy, entre muchos otros que recien conozco y que ya son familia, aunque sea por un rato. Me muevo, como cualquier elemento.



Y como si no pudiera evitarlo, cuando todo para, amigos nuevos se sientan conmigo y yo con ellos. Y compartimos un te.

viernes, 11 de mayo de 2012

Como en casa




Ahi, entre esas casas en medio de la montania vivo. Ahi, entre medio de esos arboles, hago un curso de yoga que es un renacer. Ahi, soy feliz.
Y por esas casualidades de la vida vivo en el mismo guest house que una de mis profesoras de yoga. Y sabe que me gusta el te. Y me regalo unos saquitos tulsi organico con un toque de rosa. Sin cafeina, para no interrumpir la sensacion de relax que dejan las 3 horas de asanas -posturas- diarias. Y lo disfrute en el balcon de mi casa. Y lo comparto con ustedes.