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domingo, 3 de noviembre de 2013

El tiempo es ahora

El 21de diciembre de 2012 me desperté de noche para ir a practicar yoga. Todavía ni un pájaro cantaba, y hacía frío aunque estaba en la playa y solía transpirar bastante durante el día. Pero las noches eran frías.

Entré en el hall de yoga y empecé a estirar mis piernas -suptapadangustasana- así me preparaba para colgarme de un cinturón patas para arriba por un par de decenas de minutos. Pero como si el mar me hubiese llamado, como si el agua me hubiese querido contar un secreto, tomé mi buzo, una frazada y como una zombie caminé sin pensar los 200 metros que separaban el centro de yoga de la orilla. Era de noche y no sabía quién más estaba en la playa, Arambol es un centro muy hippie de India, parte de Goa, provincia portuguesa hasta hace pocas décadas, fue meca del trans psicoldélico y las fiestas lisérgico espirituales. Amor y flower power.

Ya no queda tanto de eso, o por lo menos no es como me imaginaba que era. Entre esos pensamientos, la oscuridad me protegió y me permitió olvidarme de dónde estaba. Era el mar, la arena, el aire y yo. Mi respiración, el sol que salía a mis espaldas, mis ojos cerrados terminaban el círculo. Era yo, y nada más.

Así arranqué ese día que no fue cualquiera. Como todo pasa en este mundo consumista, donde descartamos el pasado, donde sólo conocemos nuestras ambiciones y proyecciones sobre un futuro que nunca llega, cuando nos alimentamos sin sabér qué es lo que entra en nuestro cuerpo y andamos entre muchas personas solos, sin siquiera saludarnos. Nos olvidamos que estamos cambiando de era, que se produjo un quiebre que estamos frente a una oportunidad de ser felices, y seguimos viviendo nuestra vida como si viviéramos en un supermercado. Ese día, quizás, empecé a ser consciente de que yo elijo, de que el mar y el horizonte y la naturaleza me llamaron siempre y que fui yo la que elegí empezar un nuevo diálogo.

Aunque por momentos nos damos cuenta de que nos vendría bien estirarnos, y hacemos un poco de yoga, o pilates, o salimos a correr, o nos tiramos al sol y sentimos placer, al toque nos parece que eso no es vida, que la vida es sufrimiento, esfuerzo y trabajo. Y el placer es sucio, y descansar es vagancia, y emocionarse es mariconear y enojarse es natural y cotidiano.

Para los mayas hombre se traduce como Tierra que camina. Somos todos parte de lo mismo y cada uno somos todo. El universo nos pide a gritos que limpiemos nuestros corazones, que nos amiguemos con nuestros bajos instintos -sexualidad reprimida o desconectada del espíritu; manejos de poder, obsesión por el dinero, extrema necesidad de tener material- y que los llenemos de luz y de amor. Somos misterio, y en ese vacío infinito somos lo que deseamos. Y si empezamos a llamar a ese infinito, absoluto de oportunidades, amor, quizás empecemos a pasarla mejor.

Seamos conscientes, que ya hubo generaciones que sufrieron lo suficiente, y hoy ese sufrimiento -que también es nuestro- debe cobrar sentido, ahora es nuestro momento para disfrutar de la vida. Que cada día es nuevo, que somos cambio constante. Lo permanente es nuestra conciencia, conectemos con ella que es la única manera de poder estar presentes y de caminar con voluntad. Y cada minuto es nuevo, cada día es una nueva vida, cada sueño es un viaje, cada intercambio somos nosotros amándonos a nosotros mismos.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Volver

Estuve en la sagrada Varanasi dos veces, más de un mes en total, un lugar donde muchos hindúes no llegan a ir toda su vida. Algunos ya viejitos recién pueden darse un primer y último baño sagrado. Nadé varias veces en el Ganges (en Rishikesh y Allahabad), me lavé las manos y pies, me mojé la cabeza con agua de ese río misterioso.
Desde trenes que fueron mi hogar por más de 35 horas vi hombres y mujeres con ropas que visten desde hace cientos de años cosechando arroz a mano entre campos tan verdes que parecen dar luz.
Caminé los Himalayas hasta no poder hablar del cansancio.
Le recé a dios en nuevos nombres.
Tomé té en Darjeeling y dormí entre arbustos que se cortan a mano.
Fumé chillum con sadhus en el festival más grande que este planeta pueda albergar.
Viví el monzón entre las nubes y las montañas que fueron las paredes de mi casa.
Me sentí Roberto Carlos y me sentí sola.
Aprendí mantras, ragas y bhajans y canté bajo el ritmo de la tabla.
Comí con la mano y sentada en el suelo en cocinas llenas de hollín por la leña quemada.
Tomé chai hasta que mi hígado dijo basta.
Amé India como se puede amar a una persona, amé a mis amigos indios y hasta pensé en casarme con uno y quedarme para siempre. También odié India, y planeé irme corriendo y no volver nunca más.
Vestí un sari y usé bindis entre mis ojos. Me cubrí los hombros, aunque hiciera calor, aunque no tuviese ganas.
Escuché al Dalai Lama en persona, entendí que Tibet es mucho más que un país ocupado.
Medité hasta ver las estrellas, hice yoga hasta sentir cada una de mis células.
Me sentí india, viví otro tiempo y me despido más que satisfecha, contenta de volver a casa, a la familia, a los amigos y a Sudamérica. Son las luces que a lo lejos van marcando mi retorno.

Como también a esta lista hay que agregarle el robo de mi cámara de fotos, esas cosas que pueden pasar en cualquier lado, no comparto imágenes, comparto mi bhajan preferido, ese que compuso George Harrison con el Ravi Shankar.

http://www.youtube.com/watch?v=pFnyg3YhuP4


miércoles, 6 de febrero de 2013

Varanasi o un vestuario de hombres

Eructos. Hombres meando por la calle. Hombres que venden perfumes. Hombres en taparrabos bañándose en el río. Hombres tomando chai. Hombres secándose el cuerpo sin complejos. Hombres mascando tabaco. Hombres comiendo al paso. Hombres sonriendo. Hombres bañando búfalas. Hombres cargando cuerpos sin vida. Hombres jugando al cricket. Hombres celebrando pujas. Hombres vendiendo saris. Hombres jugando a las cartas. Hombres fumando hachís. Hombres remando botes de paseo. Hombres hilando seda. Hombres sentados en cuclillas mirando el agua correr. Hombres que desnudan con la mirada. Hombres que da gusto verlos casi desnudos. Hombres. Casi que sólo hombres.

A India no se le gana, el karma te viene. Siempre fui varonera, más metida en las conversaciones de hombres, discutidora, fortachona, de alguna manera. Y ahora, me la paso entre fortachones. Y mi madre les diría sabiondos. Todos los indios tienen algo que enseñar, y te lo van a querer enseñar, aunque ya lo sepas.  Mis caminatas por el Ganges están repletas de interrupciones de voluntarios especialistas en la mitología hindú. Que la madre Ganga cae del pelo de Shiva, que el Shiva Lingam no tiene poder si no está Nandi, que Radha no es la mujer de Krishna pero que es su verdadero amor, que a Ganesha su padre le cortó la cabeza por celos y se la remplazó con la de un elefante, que le tengo que rezar así tendré buena fortuna, que sus madres hoy están ayunando para la buena salud de sus padres. Nunca falta algún atrevido que se atribuye ser especialista en Kama Sutra y capaz de ofrecer experiencias inolvidables, invitan desafiantes, a ver si te animás. He aprendido mucho caminando por los Ghats de sur a norte, de norte a sur. También he aprendido algo sobre poner límites. Y a veces necesito silencio.

Y entre tanto hombre por momentos me siento libre, pero ellos me ven como mujer. Entonces, tengo mis mejores amigos, que me protegen y me poseen al mismo tiempo. Algunos nunca más se me van a acercar por haberme visto con ellos, otros sólo se me acercan cuando ellos están. Y yo disfruto de su protección y me enojo al mismo tiempo. Me siento agobiada, quiero estar sola y sin que nadie sepa en donde estoy. Pero sé que son buenos amigos y que es algo que pasa aunque yo no quiera. Me entretengo entonces con cruces de miradas, con alimentar alguna fantasía -fantasear debe ser el deporte nacional indio por excelencia-, y tener las propias que tal vez se vuelvan realidad en algún papel.

Anoche tuve una conversación con un amigo nacido acá, en Varanasi. Es abogado y yo cabeza dura, así que fue una larga charla. Hablamos de la mujer, de si le gustaría tener la vida que tiene su hermana, de que las mujeres tienen que empezar a pelear por sus derechos, me explicaba que la ley las ampara, que la tienen que  hacer cumplir. Pero cambiar una cultura tan antigua no es fácil. Y, confieso, aunque me parezca un sistema totalmente injusto, un poco de pena me daría que cambiara. Varanasi no es solo otro lugar, es otro tiempo.

Y me siento en el Assi Ghat, en los escalones frente al río, mi barrio, donde paso todo el rato entre amigos y chai,  y veo un grupo de chicas de alrededor de 15 años caminando de la mano, como caminan los hombres, mirando y riendo, yendo de un lado a otro, y otra veinteañera con el pelo negro al viento, look indio siglo XXI y actitud algo provocativa pinta un mural lleno de color donde el personaje principal es una mujer, y pienso que los turistas en masa, los celulares y la tecnología no vinieron solos, que tal vez algo bueno también puedan traer.


lunes, 4 de febrero de 2013

Uno más otro, y van 29

Es la primera vez que el número me impresiona. Es como que ya es hora de aceptar que pasé a la adultez. Soy la menor de 4 hermanos, la menor de 13 primos por un lado y de 28 por el otro. Siempre la menor. Pero cuando la menor ya pisa los 30, es que hay una generación que está cambiando.
Voy a ser tía pronto -qué felicidad la llegada de Solcito!!-, y eso sólo corrobora esta sensación.


Estoy en Varanasi recién vuelta de un festejo con amigos, un grupo de indios que se encargó de cocinar un banquete que comimos sobre el Ganges, con nuevos grandes amigos argentinos, otros indios y otros japoneses, que se ocuparon de todo, hasta de que el sol brillara todo día y calentara el invierno que ya se suaviza.



No puedo pedir más a la vida. Qué lindos 29 años. Y esto no termina, pero me vine a tomar un té de hierbas ayurvédicas para descansar un poco antes de que siga la joda y me dieron ganas de compartirles la alegría. Y la fiesta seguirá hasta fines de mes, cuando vuelva a mirar a los ojos a la familia, a los amigos y nos demos un buen abrazo.

En estos 10 meses he vivido algo así como 1000 vidas así que celebro la vida más que un aniversario. Millones de gracias a todos. Mucho amor y bendiciones de la madre Ganga, algo así como la Pachamama india.

viernes, 7 de diciembre de 2012

sensible

Es como meditar. Intentar sentir cada parte del cuerpo por separado y todo el cuerpo al mismo tiempo. Es como pararte en la orilla del mar y sentir la frescura del agua en los tobillos, el viento de frente, la arena en la planta de los pies, el sol en la cara. Esos momentos llenos de estímulos que hacen de un segundo muchos segundos al mismo tiempo.



Ayer disfruté del atardecer como pocas veces en mi vida. Los cambios de colores del cielo, la intensidad del azul del mar, el sol que es un hueco blanco regalando luz dorada, ese rato de paz en donde saber el final hace fácil disfrutar del proceso. Hasta que el sol se fundió en el agua. Fue de esos que se ponen naranjas y cuando se pierden en el horizonte parece que se vuelven líquidos.

No sé cómo escribir lo que voy a escribir sin que suene solemne, sin que sea denso, porque en realidad, no sé todavía cómo vivirlo sin que lo sea. Para los que le gusta la astrología, mi Luna natal es pisciana y eso, siempre me han dicho, significa un gran caudal de sensibilidad.

Siempre me dijeron que soy sensible, a mí, que me voy de viaje sola desde que tengo 20 años, que trabajo duro cuando hace falta, que no dependo de nadie, que termino las relaciones en cuanto me parece que no funcionan sin dudarlo, que nunca rogué por amor, que puedo llorar en público porque es digno, que siempre tengo algo para decir...

La vida, de poquito a poco me anda desnudando. Y mi armadura, también anda un tanto oxidada. Es este tema de seguir intentando ser consciente de los momentos, estar atenta a los estímulos y las reacciones -que idealmente no deberían ser re sino acciones, simplemente acciones-, a los sentimientos, a las sensaciones de mi cuerpo. Esto de lo que nadie escapa pero todos nos escondemos, los dolores heredados, los miedos adquiridos, las situaciones replicadas una y otra vez, como si estuviésemos condenados a ser una rata de laboratorio.

Hubo algo que mi primera etapa en India me propuso: observá, Mariana, sentí el dolor por lo real y se transformará en alivio, en energía creativa. Esa propuesta tácita me tocó tan adentro que ya no puedo volver atrás, es como cuando sos un niño y te cuentan cómo se hacen los bebés...ese misterio de amor cambia toda nuestra manera de ver la vida.

Cómo cuesta el creer que lo que tengo que hacer es permanecer en la observación, en animarme a ser canal de emociones y no envase, que mi cuerpo atravesado por todos los soles del universo es otro sol que los refleja. No es mío, no hay por qué temer. Eso me repito, varias veces por día.


Ser Luna en Piscis, bueno, puede que sea un poco sensible, puede ser que cada tanto me emocione mirando algún paisaje, con las palabras de alguien querido, con mi nostalgia porteña, con mi propia respiración. La que era fuerte se vuelve débil en un segundo y el mundo se llena de colores. Quizás puedo agradecer a la sensibilidad por permitirme ir más allá, por invitarme a descubrir más secretos del vivir. Porque, por más difícil que sea -calculo que es trabajo para toda la vida-, el observar y contemplar la propia existencia como a los misterios de este universo que cada día pierde un poco más de timidez, es la única manera de formar parte. Se me ocurre que es algo así como decir, bueno, si hay música yo bailo. Y qué mágica es la música cuando permite expresar. Qué lindo que es el arte, como forma de vida, como manifestación individual. Estoy tan compenetrada que tengo ganas de decirles que los quiero mucho a todos, pero creo que estaría abusando de mi costado pisciano. Lo que sí digo es que les deseo mucha paz y felicidad compartida para que transformemos a la Tierra en un planeta mejor.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Primero de diciembre, 2012

A veces no puedo empezar a escribir directamente en una hoja en blanco. Entonces abro un mail y me pongo a escribirle a algún amigo, como para dirigirlo a alguien. Hoy quiero escribir un post, pero lo estoy haciendo desde mi mail.
Este tema de los mensajes de facebook y perder los mails no me gusta nada, siempre fui desordenada en papel y, lamentablemente nací con el correo en vías de extinción, pero en mis casillas de mails siempre guardo los momentos. Me encanta, cada tanto eh, no hay que abusar del pasado, leer alguna carta vieja y viajar para atrás en sensaciones, emociones, palabras que uno decía y recibía sin entender demasiado, y que un tiempo atrás explican muchas cosas.
Lo mismo hago con mi cuaderno del viaje. Si vieran lo sucio y machacado que está. Pobre, de verdad que no lo cuido mucho, aunque guarda de los momentos más especiales de este viaje.
A veces, lo agarro y lo leo, y todo parece contar esta perfecta historia, con sus subidas y bajadas, con los momentos en donde todo fluye como un río de montaña y los momentos en donde hay que correr cuesta arriba.
Y ahora estoy en un llano. Esperando que esté lista mi visa para India, en Tailandia y sin pasaje todavía por cuestiones de internet y las burocracias que me está poniendo un poco nerviosa -al margen-, vuelvo a visitar amigos, vuelvo a leer páginas escritas. Y cobran nuevos sentidos. Es esta sensación tan agradable y vertiginosa, de que nada vuelve a ser lo mismo, nada se queda en el mismo lugar. Ni las palabras.
Al mismo tiempo se activó el laburo, volví al trabajo y sí, a las temidas hojas en blanco. A animarme a contar las cosas desde este nuevo lugar que encontré y que se escapa. Y aunque los temas sean tan simples como tazas de té, como tazas de té, también pueden ser hermosos.
Son esas cosas que te cuentan por Oriente, que si tu mirada cambia, cambia lo que ves, que si se sonríe a la vida, ella sonríe de vuelta.



sábado, 24 de noviembre de 2012

Enamorada de la selva

Siempre soñé con caerme en la isla de Lost. Empezar una vida de cero con una nueva comunidad en un paraíso natural.

Ahora estoy en Koh Rong, Camboya. Y ayer sentí que estaba, hablo en serio, en esa isla de mis sueños. Así como viaja uno solo por el mundo, así está siempre acompañado. Los grupos se arman y se desarman, se hacen grandes amigos o simplemente compañeros de aventura. Ayer éramos 7 náufragos.

El día de caminatas arrancó en una cascada, no muy alejada pero hubo que caminar roca arriba y metimos la cabeza abajo de agua dulce y fresca, una caricia para la piel después de tantas horas de mar, sal y arena. Pero lo mejor vino después de las 4 pm. Una caminata de sólo 1 hora y media que me dejó las piernas como dos rocas, pero bastante más pequeñas de las que bajé. La cuestión era cruzar la isla hacia el oeste para poder ver el atardecer sobre el mar. Así que había que atravezarla desde una esquina, subir y bajar para correr al agua cristalina como recompensa.


De golpe parecía de noche, tan tupido, tan verde que ni un rayo de sol atravesaba los árboles. Hojas de todos tamaños, verdes de todos los tonos, plantas trepadoras y árboles que se mezclan, como si se abrazaran. El silencio dominó la caminata, no era cuestión de distraerse, además de que bueno, serpientes de todo tipo andan por la zona. Por suerte el cartel con la explicación de lo venenosa que es cada una está al final del camino. De todos modos, sobre esto quiero decirles algo, tal vez los inspire o por lo menos los haga reir. Desde que no como ningún tipo de carne no temo más a los animales, y eso que he sido muy cagona a lo largo de mi vida. Es un pacto de no violencia.

Sigo con la caminata. Después de un rato largo de subir, caminar y transpirar y transpirar, empezó la bajada que no conoce de sutilezas, más que las que tenían que tener nuestros cuerpos para evitar pasos en falso. Con las manos en el piso, sentándonos en rocas para alcanzar con la puntita de los dedos la siguiente, agarrándonos de lianas, troncos de árboles. Era cuestión de estar atento de cada paso que se daba. El guía, el que tomó la posta, es un pequeño brasileño que se instaló en la isla por unas semanas a descansar. Un tipo que sabe disfrutar de la vida y con ese estilo sudamericano que es capaz de meterse a los gringos en el bolsillo en cinco minutos. Si él no iba adelante, no sé cuántos de nosotros nos hubiésemos animado a seguir.

Cuando llegamos la imagen vuelve a la serie norteamericana. Los siete parados, en silencio, mirando el lugar e intentando creer lo que nuestros ojos veían. Es cierto, la naturaleza es tan perfecta, puede ser tan maravillosa que ni palabras, ni fotos, ni gestos la explican.


Llegamos con la luz perfecta para un buen chapuzón antes del espectáculo del sol yéndose detrás del mar. Hecha una sopa corrí por la arena blanca hasta el agua invisible. Nadé y claro que hice la plancha (esta se la dedico a los que les gustó la metáfora del último post).


Otro regalo de la vida, otro momento de esos que quedan para siempre.



miércoles, 31 de octubre de 2012

Nada muy riguroso

Hace días que intento escribir un post sobre Camboya, pero la intención de que sea monotemático -no por aburrido, sino por dirigido hacia un sólo tema-, me supera. Me es imposible. Entonces acá va, asociación libre.



Camboya es de lo que se siente por el Sudeste, uno de los países con más folklore moderno. La dura historia reciente de un gobierno que asesinó a casi un cuarto de la población, la guerra civil, las ocupaciones extranjeras, de alguna manera lo convierten en un pueblo más despierto. Tienen esa chispita de saber lo que no quieren volver a ser y la alegría de haber cambiado. Bueno, esa es la sensación que da su gente, no su gobierno, pero ese es otro tema.

Al mismo tiempo, la riqueza de su variedad étnica, también hace que los rasgos camboyanos no sean tan definibles como las de otros países. Y, digo con alegría, los camboyanos tienen mucha sangre india. Las pieles morenas y los ojos negros viven por estas latitudes desde hace miles de años. Fueron hindúes, aunque hoy sean budistas, y a unos 10 kilómetros de Siem Reap, la ciudad más visitada del país, los templos de Angkor recuerdan la importancia que tuvo este país, que alguna vez dominó a sus limítrofes, que luego la historia hizo que lo invadieran.

Curioso el tema de los límites, los orígenes comunes y luego, las separaciones. Todos queremos ser distintos, de alguna manera, diferenciarnos. Pero si somos todos iguales, por ser parte de lo mismo, por permitir que los otros existan. Eso nos une y nos define como únicos y parte. Filosofía barata, dije que iba a tratarse de asociación libre.



Camboya ya me ha regalado grandes amigos, momentos en escuelas rurales que serán difíciles de olvidar, diálogos accidentados con monjes y locales que intentan hacer una diferencia para el futuro del país, caminatas quemadas por el sol por los templos más bonitos que haya visto y la más espectacular invasión de la selva sobre rocas puestas por el hombre. Camboya me regaló discusiones en las que tuve que argumentarme, donde hizo falta llamar a las cosas por su nombre y me ayudó a encontrar esa unión con el otro, ese ser uno mismo que no es más que ser lo que único que se puede.

Y sólo va una semana. Después de dormir debajo de un techo en un guest house -donde vivían más de 3 familias camboyanas y un par de decenas de turistas-, dentro de un mosquitero (los zancudos pueden ser canívales), practicamente al aire libre y, por lo tanto, sin mucha intimidad, la genialidad de Couchsurfing me tiene en un departamento genial en Phnom Penh, la capital. Tengo cuarto privado, living, cocina...y ventilador! Un verdadero lujo a esta altura de la travesía.



Y ahora dejo esta hoja para irme al museo del genocidio, Toul Sleng, y también visitaré los Killing Fields. Intentaré recorrer el pasado reciente de este país que según la ¨comunidad internacional¨ es de los más pobres del mundo con un PBI per cápita de US$ 380 en un país de 13,7 millones de habitantes. Sinceramente, no creo que el PBI mida realmente la pobreza, medirá la cantidad de plata dando vueltas; no hay dudas de que en Cambodia se puede vivir con menos dinero que en otros lados.




jueves, 18 de octubre de 2012

Viajera en camino

Desde que empecé a planear y pensar este viaje, me mantuve en contacto con personas que se definen o entrarían en la categoría de travelers. Con guía en mano, recorren, ven, miran y vuelven a casa con la mochila llena de nuevos lugares, de destinos, de conciencia de la inmensidad del mundo.
Quise ser una,  quise ver muchas cosas, quise pertenecer al grupo de personas que saltan de su cuna de vez en cuando, por mucho tiempo, a veces por pocos días, pero siempre con la confianza de que saben moverse, de que pueden sobrevivir en cualquier lugar, de que viajar es un arte popular, aunque guarde sus secretos.
Cuando llegué a India y a las 2 semanas encontré un lugar donde me quise quedar, y ese pueblo se transformó en mi hogar por 4 meses, por momentos me sentí frustrada, sentí estar renunciando a ser un viajera. No estaba viendo mucho, de alguna manera, me quedé quieta.
En esa quietud, sin embargo, pude practicar algo de disciplina en silencio. Aprendí una técnica milenaria para conectar con el todo, con cada uno de los lugares adonde un traveler llega, a conocer las distintas caras de algo que parece ser inmenso, pero que vive dentro de mí.
Hoy sonrío al pensar que viví el monzón en uno de los lugares donde más llueve de toda India, que miré por la ventana cómo la lluvia, las montañas y el bosque me protegían, me guardaban, me ayudaban a seguir viajando hacia adentro. Las tormentas que hacían las calles ríos y cascadas, las sanguijuelas que amenazaban mis tobillos, las plantas que brillaban de verdes, los amigos, que nos reuníamos bajo techo. El corazón se hincha y mi mente se calma. Seguro que ese fue un viaje.
Con el tiempo las lluvias menguaron y mis piernas estaban listas para caminar. Calculé que en el mes que me quedaba de tiempo podría ver alrededor de 6 o 7 lugares, quedándome en cada uno unos 4 días. Bueno, resulta que se transformaron en 3 destinos. Rishikesh, Delhi y Varanasi. Una semana en Rishikesh, otra en Delhi y más de 10 días en Varanasi. De nuevo, los tiempos no eran los de una viajera oficial. Los tiempos se transformaron en mi ritmo. En cada uno de estos 3 lugares me hubiese quedado varios días más, semanas o meses, pero cada uno fue una etapa nueva del recorrido. India es generosa como una madre primeriza, no descansa, no deja de estimular. En India aprendí a caminar.
Con muy pocas ganas pero por esas cosas en donde no hay con qué darle a las burocracias internacionales, tuve que irme del país. Mi visa vencía. Como el viaje se alargó y esto no estaba en mis planes, pensé en lo bien que me podría llegar a hacer el mar y el sol después de tanta nube, y decidí que Tailandia sería la siguiente estación. Llegué y lloré. ¿Dónde está mi chai? Me faltan los estímulos indios, me faltan las situaciones inimaginables en cada esquina, me faltan las miradas de ojos negros.
Pero como la vida no da puntada sin hilo, y porque tal vez el destino sea una fatalidad, después de dar un par de vueltas por Tailandia sin encontrar un lugar donde me sintiera cómoda, en el lugar menos pensado, en Pattaya, la ciudad del pecado ruso y la liberalidad tailandesa, encontré un pequeño hogar, un gueto de amigos rusos que viven entre la bohemia y el consumo, pero que me abrieron la puerta con un inglés limitado y un corazón enorme. Y me recuerdan mi origen eslavo y me enseñan palabras en ruso, y me explican el significado de mi apellido. Encontré mi ritmo, la cadencia de mi mochila, la búsqueda de mi ser que mi cuerpo intenta acompañar. La felicidad de ser una viajera y de estar encontrando el estilo propio. Pertenezco, sí, a mí son, pertenezco.




miércoles, 22 de agosto de 2012

4 meses a lo yogi, 10 dias a lo buda

Desde que llegue a Dharamsala repito a la gente que me cruzo que India es un lugar para venir a renacer. No creo haber descubierto la polvora por decir esto, claro. ¿Cuántos vinieron antes que yo? ¿Cuántos miles de anios de sabiduria forman la identidad de este pais?

El problema es que India esconde su saber detras de la suciedad de sus calles, rutas, rios, en el ruido de las ciudades, en la mirada libidinosa de los hombres, en el picante de su comida. Pero son pruebas. Para saborear el verdadero mensaje de este pais -que confieso, apenas conozco- no hay que dejarse espantar por las impresiones superficiales. Deberian advertirlo en los aeropuertos internacionales: sea paciente, India se muestra de a poco.

Y asi llegue yo, entusiasta e inconsciente y me choque con sensaciones demasiado intensas, un calor que cala huesos, músculos y cerebros. Busqué hacia donde el instinto me llevó y encontré el lugar para mi. En Dharamsala encontre un utero capaz de cobijarme por un tiempo, un lugar con mi nombre, un pueblo con una familia esperándome y una técnica que me permitiría seguir viajando, esta vez, hacia adentro de mi ser. Creí que en India aprendería algo para llevar de vuelta a la Argentina, que yo estaba fantástica y solo necesitaba aprender algo para compartir con los demás. Ingenua, apenas unos días despues de llegar a este mundo paralelo sentí que necesitaba sanar. Dharamsala era el principio de un camino nuevo.

Hace casi cuatro meses que practico yoga todos los dias, muchas horas, desde muy temprano. Es de noche y con Pedro y Dani, mis companieros de esta aventura, arranco a intentar descubrir espacios dentro mio, de eso se trata. Creo que entendí que la creatividad no es inventar, es permitir que las cosas sucedan. Para eso se necesita espacio, condición para que todo exista. Y con esta práctica de yoga encontré espacios dentro mio que los tenia censurados, cerrados, reprimidos por musculos que se contraen para defenderme de la posibilidad de sufrir y lo unico que generan es una plazo fijo de dolor.

Y venía el monzon y me dije, como buena Luna en Piscis, perfecto, el agua, las nubes, la lluvia me metera mas para adentro, hara la limpieza má radical. Quéintensa que soy a veces. Odié la lluvia tantas veces ya, me cansé de ver caer gotas de todos los tamaños, de que la humedad se meta entre las hojas de mi diario, en los hilos de mi ropa, en mis pulmones. Y como mi intensidad no se rinde tan fácil pensá: tiempo ideal para la meditacion, el sonido de la lluvia es tan relajante. Me anote en un curso de Vipassana para principios de agosto. 10 dias de silencio, 10 horas de meditación diaria, aprender la técnica de meditación con la que Siddharta Gautama alcanzó la iluminación y pasó a la eternidad como el Buda. ¿Qué son 10 dias en la vida?

Bueno, puedo decir que pueden ser mucho. Todavia estoy bajo los efectos de la salida y no quiero decir cualquier cosa solo por afirmar espiritualidades innecesarias. Voy a escribir, simplemente, que después de estos 10 dias me vi distinta. Extraño la cámara de fotos y las páginas en blanco. Extraño la adrenalina de las estaciones de tren y de contarle al mundo que todavía hay encantadores de serpientes tocando la flauta por las calles de algun rincón del mundo. Las rotativas vuelven a abrirse, diarios, revistas, medios del mundo, estoy de vuelta. Amigos, tambien. Familia, estoy por salir de un segundo utero que me regalo 4 meses llenos de aprendizajes. Ahora quiero ver que hay afuera. Cantando bajo la lluvia disfrutare de los 6 dias que me quedan por aca, y silbando bajito me ire a ir siendo.

lunes, 11 de junio de 2012

Para todo lo demas, existe...

Vivo en un lugar al que las personas llegan con busquedas y encuentran, no respuestas -eso depende de cada uno-, pero si puertas abiertas. La intuicion es para todos la unica brujula.

Vine a India entre el calor infernal y el comienzo del monzon. Dificil momento para recorrer un pais que arde a 45 grados promedio. Lo hice sabiendo por dentro que me habia colgado en el tiempo, que para recorrer se me habia pasado el cuarto de hora. Pero si miraba para adentro en mi, si era sincera conmigo misma, sabia que venia por algo mas. Despues de pasear por Mumbai y de visitar palacios en Rajastan, un dia resono en mi cabeza McLeod Ganj, donde vive el Dalai Lama. Me imagine templos  monumentales en montanas nevadas, frio y una especie de solemnidad espiritual que, claro, aca no encontre. Por suerte.

Llegue a una region de montanas repletas de pinos de verdes bien verdes, de gente accesible, de soles radiantes que calientan la tierra y que -gracias- algunos rios riegan. Me choque con gente de todas las edades y lugares del mundo que, como yo, no saben responder ni donde viven ni cual es su profesion. Siemplemente estan en movimiento, en busqueda. Por que el tema es hoy, y hoy esta adentro nuestro.

Y como era mi intencion busque unas clases de yoga. Por aca no, por alla puede ser. Cai, porque calculo que me debo haber dejado llevar, en el Centro de Yoga que necesitaba, una practica que lleva bien hacia adentro (Iyengar), mas cerca de la meditacion que de la actividad fisica, seguro. No se piensen en eso que muchos dicen, que el yoga puede ser aburrido, que es estiramiento, que el cuerpo no trabaja, que prefieren hacer deporte. Una cosa no tiene que ver con la otra. Eso es palabrerio barato. Aca las asanas (posturas) se sostienen durante 15, 20, 25, 30...muchos minutos, y se respiran, y cada rincon de nuestro cuerpo encuentra un sentido para ser, para ser con los demas, para ser un todo, nosotros mismos, yo como cuerpo, mente y alma.

Hace 5 semanas que estoy aca practicando y mi pecho se empieza a llenar de espacio, los pulmones dejan entrar mas aire, mas vida recorre mis venas. Sonrio naturalmente, porque vivo en la naturaleza y porque ella me enseña. De afuera para adentro, y de adentro para afuera. Como un nacimiento, una respiración, un dia, una vida. Cada oportunidad.

La cuestion es que el dinero tambien se va y mis ganas de meterme mas en esta practica me abrio una puerta. Un dia lei un flyer en el vestuario: se ofrece trabajo voluntario de oficina a cambio de curso de yoga.
Lo lei al otro dia por segunda vez y al tercero me anime a preguntar en que consistia. Me constestaron al dia siguiente que ya estaba tomado. Pero tambien estaba tomada mi decision de quedarme hasta el final de mi visa (septiembre), asi que insisti con Sharat, el guru-maestro-fundador de la escuela.
Me pregunto que se hacer. Soy periodista, saco fotos, pero no tengo problema en limpiar los baños si hace falta.

A los dos dias estaba sacando fotos del nuevo centro de retiro que se esta construyendo en las afueras de Dharamsala, a una hora de viaje desde aqui. Ahora me ocupo de hacer comunicacion (Twitter, Facebook), contenido para la pagina y saco fotos, muchas fotos. Tengo trabajo y me pagan con clases que me enseñan a vivir mejor, a ser más feliz.

Me pagan muy bien.



martes, 15 de mayo de 2012

El te es un viaje

Hay dias que me pregunto por que sigo con el blog  Momentos de te, si escribo de cualquier otra cosa. Estoy de viaje, quiero contar colores y anecdotas y el blog es sobre te. Es sobre te?


India me trae hacia adentro. Me replantea, me hace sentir una pagina en blanco. Como esta que ahora estoy llenando. Sin poder evitarlo miro para atras, pienso como empezo todo y creo que claro, que momentos de te son los que vivo, porque esta bebida noble, sencilla y sin pretenciones es la que me introdujo en este mundo, la que me trajo hasta aca, la que me hace viajar a distitnas culturas, la que me hace disfrutar del ahora, compartido o en soledad. Fue una primera hoja en blanco, hace un tiempo ya, y ahora otra vez.

Aca, en mi hogar temporario en McLeod Ganj, en la montania, me dedico a hacer yoga, a meditar, a intentar quitar capas que me alejan de mi esencia. Soy, entre muchos otros que recien conozco y que ya son familia, aunque sea por un rato. Me muevo, como cualquier elemento.



Y como si no pudiera evitarlo, cuando todo para, amigos nuevos se sientan conmigo y yo con ellos. Y compartimos un te.

viernes, 11 de mayo de 2012

Como en casa




Ahi, entre esas casas en medio de la montania vivo. Ahi, entre medio de esos arboles, hago un curso de yoga que es un renacer. Ahi, soy feliz.
Y por esas casualidades de la vida vivo en el mismo guest house que una de mis profesoras de yoga. Y sabe que me gusta el te. Y me regalo unos saquitos tulsi organico con un toque de rosa. Sin cafeina, para no interrumpir la sensacion de relax que dejan las 3 horas de asanas -posturas- diarias. Y lo disfrute en el balcon de mi casa. Y lo comparto con ustedes. 





lunes, 7 de mayo de 2012

Un lugar especial

Despues de recorrer un poco Rajastan, decidi descansar del calor y acercarme a las montanias. Parvati Valley, primero, en la provincia de Himachal Pradesh, y ahora Mc Leod Ganj. Ay, este lugar, es un microclima.

Entre las montanias, este pueblo a 10 kilometros de Dharamsala, es el hogar del Dalai Lama y los refugiados tibetanos exiliados por la ocupacion china de Tibet. Por aca son todas tunicas moradas, cabezas rapadas y sonrisas de ojos estirados. Esta lleno de turistas y por momentos uno se pregunta si de verdad los que llegan saben donde estan. El pueblo tibetano, que nunca fue chino, esta siendo acosado y perseguido desde hace mas de 50 anios.


Ese es un capitulo aparte. La vida en el exilio, las familias tibetanas nacidas en india, la austeridad de la residencia del Dalai Lama, la sensacion de su presencia, la energia cristalina de los monjes, la suave comida tibetana, y el te. Si, te verde y en hebras. Algo dificil de encontrar en otras ciudades indias, ahora acompania todas mis manianas. Ya les voy a contar del te tibetano, una emulsion con manteca.

Y aca me quedare un tiempo, voy a tomar cursos y vivir un poco el lugar. Sera la paz budista. O tal vez la energia de la montania me abraza y me retiene un poco. Y, debo confesar, tambien es la que me cansa: todo es subida o bajada, voy para alla, vuelvo para aca. Ahora estoy viviendo en un pueblo que se llama Dharamkot, a 2 kilometros del monasterio tibetano hacia arriba. Hoy tuve un dia duro, camine mucho entre el bosque y las montanias, espiando los picos nevados que cada tanto se dejar ver. Despues de agotar la energia de mis piernas, como esos regalos de la vida, encontre uno de estos tipicos bares de aca: colchones en el piso, mantas, almohadones de distintas formas y te. Sola, me eche a escuchar musica, mirar al bosque y tomar del vaso calentito. Volvi al chai bien especiado y no tan dulce. Y dicho sea de paso, mi salud anda muy bien, gracias a los que se preocuparon.


Escribo mezclado. Lo se. Pasaron muchos dias, y aca sigue siendo una vida cada 24 horas. Sin embargo, una tranquilidad muy profunda me tiene protegida. India puede ser tan dificil como apasionante, tan cansadora como relajante, tan desilusionante como maravillosa. Y asi, uno pasa el dia, entre emociones y contradicciones. Y se disfruta, claro, este vivir en movimiento sin un rumbo definido, disfruto de la sensacion de libertad mas profunda que tuve en mi vida. Y con eso, sobran motivos para sacarse los zapatos, descansar la cabeza y disfrutar de un momento, el momento.

martes, 1 de mayo de 2012

Mas leche que te

La intensidad de India es dificil de transmitir. Bocinas, bocinas, muchos autos, miradas, motos, bicicletas, carros tirados por camellos, eructos, en el medio elefantes, manadas de bufalos, ardillas entre los arboles y edificios, monos en las terrazas, olores, de los ricos y de los no tanto, y las vacas, siempre las vacas, como aisladas de toda realidad. Son las reinas. Es que aca la leche es muy importante.



Es como mucho para mi. Hacia tiempo que no tomaba tanta leche y mi higado se quejo un poco. Ademas, abuse del kachori, una fritanga callejera hecha de papa y picantes que me liquido. Estuve con un poco de fiebre y mucho dolor de cabeza, ademas del dolor de panza. Por suerte, estoy con una familia divina en Amer, un pueblo en la periferia de Jaipur donde se encuentra el Amber Fort, una palacio con un muro de 9 kilometros que quita el aliento. Literalmente, no se cuantos escalones subi, pero me duelen las piernas.



Aca son todos tan atentos, no hay nadie que no abra las puertas de la casa u ofrezca un chai. Y asi fue como me invitaron a la casa de Chud, un amigo de mi anfritrion de Couchsurfing, y su hermana nos preparo el te. Eso es asi, las mujeres atienden. Son/somos sagradas, como las vacas. ¿Sera la leche? Es ambigua la sensación. Faltan libertades, como en casi todo el mundo, más que en casi todo el mundo.

Y los hombres en las calles, en su actitud y mentalidad. Por momentos India parece un pueblo lactante, infantil.



Leche, jengibre machacado, te, un poco de azucar. Tres hervores. Y listo.


Thandnywad. Thank you. Gracias.

viernes, 27 de abril de 2012

Del palacio a la escuela rural

Udaipur es una ciudad increible. Aca estoy desde hace dos dias y maniana me voy. Me encantaron sus palacios, los lagos, los mercados, los aromas, la gente. Ademas, siempre la guardare como mi verdadera puerta de entrada a India. La camine sin miedo, me ubique, encontre el camino a casa, tome chai en la calle, sentada en la vereda, mirando a la gente pasar.
Y aca tambien hice Couchsurfing. Esta vez, me recibio Samvit, un muchacho que se presento como el fanatico del te numero uno del mundo. Y es cierto, toma mucho te y creo que me acepto en su casa por la curiosidad que le daba conocer a otra fanatica. O eso me dijo, como buen anfitrion, para hacerme sentir bien.
Lo interesante de todo esto es que junto con su familia tienen un gest house. Por que? Para poder financiar un programa de ayuda para una comunidad de 30 familias que vive en las afueras de la ciudad. En Chandra, el barrio, Sam junto a algunos voluntarios -al que se quiera ofrecer, aca lo recibiran felices con casa y comida-, se ocupa de dar apoyo escolar a alrededor de 40 chicos de entre 3 y 17 anios.






Asi que, despues de un dia disfrutando de la belleza oriental del City Palace, fuimos junto a Kristina, otra huesped de Samvit (y ahora una companiera de viaje) a visitar el centro.Y nos encontramos pintando flores y animales con un grupo de chicos que no saben ingles -Samvit intenta enseniarles- y pasandola genial. Terminamos con una oracion que dirigio uno de los chicos y todos con las manos juntas en el pecho y los ojos cerrados teniendo unos segundos de silencio. Nos despidieron con un sonriente "namaste teacher".



Es como un clasico en India, venir y hacer algun voluntariado. Es que hay tanto para hacer. El tema no es la pobreza en si -esa es mi opinion-, sino la curiosidad que hay en esos ojos. Esta bueno ir a contar que existen otros mundos y comunicarnos. Ademas, los que pasen por aca y quieran ayudar con la causa, simplemente pueden quedarse en esta casa de familia. Los van a atender muy bien, nunca les va a faltar el te y la comida es deliciosa.

Guest House www.chandraniwas.com
La fundacion http://www.daanfoundation.org/index.html
43-44 Shanti Niketan Colony,  Bedla-Badgaon Link Road
Udaipur 313011, Rajasthan
Email - samaudichya@gmail.com