jueves, 23 de mayo de 2013

Entrega

Sentir, mirar lo que los ojos ven.

Aceptar.

Doler.




Texturas. Olores. Sabores.

Sentimientos que no son pensamientos. Realidades que siente el cuerpo.

Ofrecer pensamientos al universo. Aunque no nos gusten. Aunque no queramos dejarlos ir.

Somos algo sin dueño, hoja flotando en un charco de agua sucia.
Eso que se comparte.

Ignorancia.





Dar. Intuición.

Sentimientos no deseados
instintos destructivos.

Crear recrear y matar, en un mismo tiempo. Como una vibración, ruido de tambores.

Oscuridad, sin razón, sin sazón, sin canción, sin sentido. Sin rumbo.

Descontrol.



Entregarse al amor.

Dejarse amar.

Amarse.

Compartir.

Ser.

Destrucción.

Comienzo.

Entrega.

Luz.


jueves, 9 de mayo de 2013

Y un día pasó

El sábado arranco a dar clases de yoga. Será compartir experiencias que tienen que ver con el camino en reconocer el cuerpo y habitarlo como un medio de liberación emocional y espiritual. Pero el trabajo es arduo y es largo, es empezar a conocer una nueva manera de conectarnos con nuestra única realidad comprobable: nuestro organismo. No es que tenga la posta, tengo una pista.

Si sueño, me gustaría que se armara un grupo con ganas de investigar y que podamos compartir nuestras experiencias y energías. Las clases son en el Estudio de María Julia Busto, en Recoleta, un alma más que generosa que me abrió las puertas y se transformó en una maestra.

Por ahora arrancamos los sábados, porque también me interesa que el trabajo se mantenga durante unas horas, para profundizar un poquito más.
Aclaro, para los que no conocen mucho de yoga, que el hatha es el yoga tradicional, que se practica en el suelo, pero que lo haremos con elementos de las técnicas de B.K.S. Iyengar, o sea, hay almohadones, sogas, ladrillos, sillas, todo tipo de elementos que nos ayuden a alcanzar las posturas. Porque no se trata de flexibilidad. Aunque sí, claro, la práctica sostenida ayuda a flexibilizarnos, por suerte! :)

Así que, sin miedo, el yoga es para todos.

Pido por favor que los interesados me escriban, así les mando un mail con algunas preguntas, valor y las reglas del lugar.

Después de la clase, té para todos  :)



Yoga en sánscrito significa unión. Ha, Luna y Tha, sol. Energías opuestas que se manifiestan en nuestro cuerpo. 

Practicar yoga ayuda a traer la conciencia al presente, el famoso aquí y ahora suceden en cada instante, sólo hace falta habitar el cuerpo para sentirlo. 
  
La idea es que con encuentros de 2 horas y media los sábados podamos trabajar el cuerpo y ampliar las percepciones. Quiero compartir mi experiencia, y que experimentemos juntos, siguiendo instrucciones, con disciplina y también jugando, dialogando desde las sensaciones personales. 
  
La única manera de ser libre es ser uno mismo. Eso se traduce en salud, estados de ánimo más conscientes y la posibilidad de dejar de ser prisioneros de nuestros pensamientos. 
  
Los encuentros terminarán con 30 minutos de meditación optativa para quien quiera quedarse después de la práctica.

lunes, 22 de abril de 2013

Feliz en tu día

Hoy es el día de la Tierra, leí por ahí. Y aprovecho la oportunidad: me dieron ganas de agradecerle los árboles, las montañas, el mar y el agua dulce, el alimento, los animales.
Me dieron ganas de agradecerle los amigos.
Y también me dieron ganas de decir que creo que en los tiempos que corren, estamos todos locos y nadie zafa. Algo está cambiando, y bastante rápido. Todos lo sentimos, pero nadie sabe bien qué es. Ahora, el problema es que estamos en nuestro ego, en nuestro dolor, en nuestros procesos. No nos damos cuenta de que todos estamos atravesando el mismo momento al mismo tiempo.

charlemos un ratito debajo de los árboles...

Creo que lo único que puede salvar a este planeta es la solidaridad, que no es solamente ir a ayudar al que le  falta algo -o que nosotros creemos que le falta-, la solidaridad es sanarnos a nosotros mismos sintiendo con el otro. Teniendo compasión, respeto, eliminando el juicio. Las cosas son y no queda más remedio que aceptarlo.

Corté un poco de jengibre y me serví té blanco. Volví al té como mi sobrina se prende del pecho de mi hermana. Al fin y al cabo, fue el té el que me metió en los nuevos viejos mundos que hoy habito.

Feliz día para todos, todos somos la Tierra.

martes, 9 de abril de 2013

Autorretrato


Hace una semana empecé un taller de fotografía y estoy a pleno con la primera tarea. Hay algo de la foto que me tiene enganchada, aunque sea difícil explicar qué. Hay algo con el espacio, el tiempo y la luz que hace colores y realidades que existen dos veces.
Además, la buena onda del grupo, las ganas de expresar, sea lo que sea, siempre que seamos sinceros. Y ante tanta sinceridad, la primera consigna del Xavi fue autorretratos. Me encontré toda la semana frente a espejos, reflejos de vidrieras, de los dos lados de la pupila de cristal de la cámara. Es tan complicado como desafiante, mirarse y elegir cómo eternizar algo, que nunca sale como lo planeo, pero que algo sale. Como contarle a mí misma quién soy. Me parece que estos son tiempos para exponerse - aunque me de mucha timidez, ya no creo que haya motivos para tener vergüenza por nada-, para que todos nos desnudemos y quitemos los complejos. Y también me dieron ganas de intentarlo por escrito, mi herramienta más cotidiana. Y aquí va, un autorretrato.


Me cuesta aceptarlo, me falta un centímetro para el metro sesenta de altura, como si ese poquito me dejara fuera de algo. Lo mismo me pasa con las caderas, esta vez por pensar que sobran centímetros, también siento que me dejan afuera, pero de otra cosa que a veces toma la cara de mi paz interior; lo bueno es que juntas parecen una canción de la Bersuit.

Estoy en crisis con mi pelo. Morocho, quiero que crezca –lo tengo corto estilo francés, como para dar una referencia-, pero hace como tres años que no soporto la espera y vuelvo a las tijeras. No tengo mucho y es algo fino. Hace poco descubrí que me gusta rascarme la cabeza, sacudirlo y que caiga para donde quiera, como si recién me animara a esa rebeldía. Mi cara es redonda, mi nariz bastante armoniosa y desde hace unos meses la decoro con un aro plateado. Ayer, en la Galeria do Rock de San Pablo –algo como nuestra Bond Street pero dimensión brasileña-, me tenté y cambié la bolita por una argolla. Tengo ojos marrones y un lunar un poco salido y del mismo color, justo del lado izquierdo, debajo de las cejas. Mucha gente me recomendó que me lo sacara, para mí sería renunciar a algo. Mis labios son rosas y un poco finos. Algo bastante particular son las orejas que heredé de mi abuela Ofelia, los lóbulos son largos. A ella, mi abuela, de tanto usar aros, se le alargaron aun más. Me hacían acordar a las orejas de los elefantes.

Soy accidentalmente suertuda o, directamente, muy afortunada. Porque mi arte es la improvisación. Y no hablo de monólogos teatrales o danzas del vientre -aunque cada tanto haga algún personaje no muy propio y me guste danzar con tambores-, hablo de que tengo una dificultad muy grande para la organización, preparación y bueno, otra cosa que cuesta aceptar, el estudio constante. Picoteo a lo pajarito, como buena periodista, sé un poco de algunas cosas pero siento haber profundizado en pocas, si lo hice en alguna. Sin embargo, a pesar de mi culpa intelectual, tengo amigos de lo más interesantes, un trabajo que me excita, me emociona, una vida que adoro.

En los últimos años reconocí que mi intensidad sólo la puedo volcar en la ceguera del día a día y quizás viajar sea lo que más me enfrenta a mis pasiones. Amo algunos lugares como puedo amar a un hombre, y también puedo enamorarme varias veces por día, solo por cruzar una mirada. Caminar algunas rutas me hace feliz. Y no por ninguna razón razonable más que por lo abstracto de sentirme plena con la energía del lugar, de que me haga vibrar como si me completara o me comprendiera. A pesar de que puedo ser algo ermitaña, me encantan las personas. Estoy un poco cansada de viajar sola.

A veces me miro en alguna foto o espejo y me deprime mi cara triste, en muchas no me reconozco. Una vez mi hermana me lo dijo: la tristeza está mal valorada. Hay días que sirve de consuelo.

No como carne y estoy intentando dejar los lácteos también. Creo que un mundo vegetariano sería más feliz. No comer carne se siente muy bien, de hecho me amigó con el mundo animal del cual era un poco temerosa y ahora disfruto. Sí, estoy segura, todos tendríamos que dejar de comer carne y productos de supermercado. No puede ser que nos alimentemos todos los días en todas las comidas de cosas que vienen envasadas en plástico. Puedo ser muy buena onda o muy oscura y, cada tanto, un dictador, algo que no controlo demasiado.

Me considero sudamericana, espiritual y política, pero no tengo religión ni partido, aunque me encanta discutir de las dos cosas. Igual, al decir que no tengo religión ni partido estoy tomando partido, el partido cliché, el más romántico y afín que encuentro. Afín, porque digo lo que quiero y no necesito fundamentos que alguien haya escrito, entonces así mi temita de no ser constante con el estudio se esfuma. Cuando discuto, suelo irme seguido por la tangente. Y también suelo discutir seguido, porque me encanta, aunque de viciosa suelo terminar sin saber cómo salir de algunos cruces de palabras. Muchas veces soy puro bla bla.

Creo, por sobre todas las cosas, en el amor. Creo que es lo único que en realidad existe.

Amo a mis amigos, agradezco la familia que me tocó y al sol que sale todos los días para regalarnos este planeta que me parece la obra de arte más perfecta, aunque de perfecto no tenga nada. También me gusta la luna y su túnel de misterio, las nubes y sus mensajes ocultos que se me transformaron en una obsesión, todavía más que los colores del atardecer. Ah, pero la combinación es un banquete.

En India me di cuenta de que había ido a buscar al gurú que no encontré. Me cuesta que me digan qué hacer. Soy una persona, y me parece una experiencia que vale la pena.




viernes, 22 de marzo de 2013

Viernes, otoño, aries

Lo que tengo es este momento. La compu, el mate, recuerdos y una sensación en el estómago que no me permite estar acá del todo. Intento escribir sin pensar demasiado, sin filtrar, pero pienso en el blog y viene a mi cabeza que alguien lo leerá y automáticamente surgen represiones. Me pregunto por qué e intento no escucharlas.



Mañana van a hacer cuatro semanas desde que volví a Argentina y me tiemblan las piernas, quizás será que hoy arranca Aries y esto que se cuenta de que es el signo de los comienzos, el primero del zodíaco. Es como estar frente a los ingredientes de una ensalada que me empiezo a preparar y que la quiero colorida y llena de sabores y nutritiva y orgánica, y de pronto siento que sólo tengo lechuga para ponerle. Que no hay siquiera aceite. El problema quizás sea que vivo queriendo más de lo que tengo.

Me miro al espejo y me siento rara. Veo a una persona normal y no me gusta ser normal. La experiencia india y asiática en general me conectó directa y sutilmente con el ser mujer y con todas estas abejas reinas que vuelan, que volamos, por el mundo queriendo expresarnos y frustrándonos en el camino, aunque no nos demos cuenta. Repitiendo. Lo mismo que el obrero, lo mismo que el que hoy está untando miel en su tostada. Este péndulo en el que vivimos entre ser hijos y luego, energéticamente padres sin dejar de ser hijos. Y nos pasamos a un lado, y volvemos al otro. Mis tripas hoy me dicen que habite el intermedio y enfrento un momento de jugarme a crear, a creer, a compartir sin ser dueña. Estoy más radical en mis convicciones, encontré algo que siento real y es hora de vivir desde ahí donde sólo encuentro a la respiración como compañera.

Me siento paralizada y con ganas de hacer. Y me vuelve a aparecer Aries, y vuelvo a creer en los comienzos. Fui tía por primera vez hace unos días y ayer, mirándonos con Sol, me vi en sus ojos, en esa sensación que calculo tendrán los niños de querer ver más y entender pero sin poder fijar la mirada. Y al mismo tiempo, los brazos de mi hermana y de Martín, su papá, y la tranquilidad de que mientras ellos estén ahí, nada malo le puede pasar. Un llanto por momentos para aclarar que eso no gusta, pero ni siquiera es un rechazo sino más bien una afirmación: estoy sintiendo, tengo un cuerpo.

Así me siento hoy. Pero los brazos son los míos y necesito respirar para no desesperar. Necesito compartirlo para no sentirme sola.

jueves, 14 de marzo de 2013

¿El Papa tomará mate?

Desde que volví de Asia arranco todos los días con una pava y un mate amargo al lado de la compu, mientras reorganizo el trabajo, mientras vuelvo a la actividad.
Y me pregunto, ¿Bergoglio tomará mate? ¿En Roma se enterarán de las plantaciones de yerba de la mesopotamia, de la selva paraguaya, del sur brasileño y su mate verde, de los pueblos de la patagonia chilena y el termo debajo del brazo uruguayo? ¿Llevará mate de coca y contará de las ceremonias a la Pacha Mama de Evo Morales? ¿Colgará un mapa americano y mostrará el altiplano que compartimos con Chile, Perú, Bolivia y esas líneas de colores que suben hasta el Caribe? ¿Contará los desastres que hizo la Iglesia durante la colonización de los pueblos que todavía intentan sobrevivir?
La Iglesia es la Iglesia, con muchos más pecados de los que confiesa, mucho más sucia que los templos donde celebra su fe, pero es una institución enorme, claro está. Recién vuelta de India es como que recién acepto la importancia de la religión y no puedo dejar de alegrarme de que haya un latinoamericano en Roma, que desde el sur algunos entren en las mesas redondas que se celebran en el norte.
Y leo La Nación y leo Página 12, y no me gusta el fanatismo argentino, el ego envuelto, Maradona diciendo que lo quiere conocer. Entiendo que fue funcionario de la Iglesia durante la etapa más oscura de nuestra historia, que probablemente sepa más de lo que dice saber, que hasta pudo haber tenido que ver con los casos de Orlando Yorio y Francisco Jalics. Pero tengo la sensación de que Bergoglio esté ahi, como si estuviese cualquier obispo latino, va a abrir nuevos diálogos y nosotros se lo tenemos que pedir, aunque no seamos católicos. Y ojalá que él tenga tolerancia, que se anime a hablar de cosas que hacen falta hablar; tal vez esté bueno que se encuentren con Cristina en Roma, y los tonos se suavicen.
Tal vez soy una idealista -bueno, un poco más que tal vez-, no creo que Francisco I sea un santo o que ser Papa lo convierta en uno, como no creo que Cristina sea Satanás, como no creo que Argentina esté tan mal como muchos creen, como tampoco me parece que Argentina esté tan bien como otros dicen, como quiero creer que la Iglesia puede hacer cosas positivas, que puede cambiar, creo que también hay gente por debajo que trabaja con amor, lo creo porque, aunque ya no practique ninguna religión, en tiempos mozos me metí en círculos católicos de mucha fe y mucho trabajo. Creo que si nos ponemos positivos, si confiamos en lugar de revolver la mierda, si le damos un poco de confianza a este hombre que es solo un hombre con poder y los que lo rodeen durante su reinado, quizás puedan pasar cosas interesantes. A la gente que tiene que poder hay que pedirle que haga las cosas que queremos si quieren seguir en el poder, y el poder vuelve a nosotros.

El mundo está cambiando, por lo menos eso no se puede negar. 

domingo, 10 de marzo de 2013

Domingo en camisón

Dormir hasta que me depierto. Mate, algo de diarios y alguna revista versión online. Cocinar y charlar con mi hermana. Un poco de peleas. Disfrutar de una casa que, aunque prestada, se siente un poco propia.

Quizás es estar bajo el cielo celeste de Buenos Aires, me había olvidado de lo diáfano del cielo por estos lados. El sol, el dulce de leche, música en vivo, el idioma, los amigos y la familia. Esas cosas que se extrañan, que se intuye que se va a sentir bien hasta el alivio que viene con el reencuentro, como un antídoto a una ansiedad que se empieza a tomar recreos. Como haber despertado de un sueño, como haber llegado a la última página de un libro que costó leer.

El ser mujer con alegría, el pensar en proyectos realizables en donde los hombres acompañan, suman en lugar de controlar. Y, de paso, un diálogo con mi viejo, y un poco de amistad con mamá.

Es una sensación parecida a renacer, si es cierto que elegimos en donde nacemos, vuelvo a elegir estar entre los que me vieron llegar a la vida. Los mismos que me esperaron en Ezeiza, sólo que esta vez no hizo falta que me sostuvieran la cabeza. Y aunque a veces caiga alguna lágrima que me recuerda el esfuerzo que implica la vida, se siente maravilloso y a veces simplemente real.